Caminos...


Hasta 1720 el camino carretero que hoy une a Guadalajara con Colotlán, era un camino de arrieros, que al aprovechar el puente de San Cristóbal permitía el desarrollo económico de poblaciones como el Teùl y Tlaltenango. En ese año, se terminó de construir el Puente Grande y surgieron a la par la comunidad de ese mismo nombre y poblaciones como Zapotlanejo y Tepatitlán, que tuvieron un desarrollo económico acelerado, dejando de prosperar la región norte de Nueva Galicia, especialmente Tlaltenango y el Teúl.

En 1880 el Ing. Juan Ignacio Matute recomendaba hacer un camino formal entre Tlaltenango y Guadalajara, con el objeto de canalizar hacia esa plaza toda o parte de la producción agrícola, ganadera y en pequeña escala industrial, que se producía en la región. Había rebocerías y telares de lana y varios molinos de trigo.

El Ingeniero proponía que el camino se trazara por donde ahora mismo está. El decía que su costo no podría ser mayor a $40,000. pesos los cuales serían aportados a partes iguales por la federación, el estado y el municipio.

Nada se hizo entonces, hubo si otro intento en 1895 de unir Zacatecas con San Blas y Manzanillo por ferrocarril, pasando por los pueblos que hoy toca la carretera, según lo comenta en su obra D. Alfonso Luis de Velasco. (Estadística de la Republica Mexicana. Secretaria de Fomento. México. D.F. 1896).

En 1919, se tuvo la siguiente noticia sobre la carretera. El Dr. Donato Moreno, gobernador de Zacatecas, en su informe decía que se había autorizado el camino carretero entre Zacatecas y Tlaltenango.

Por lo tanto, Guadalajara y Zacatecas estuvieron unidos por caminos de arrieros hasta 1720, de entonces hasta 1810 el camino medio se borró.

Con la lucha de independencia se abrieron veredas y caminos reales, y el antiguo sendero a Guadalajara cobró cierta importancia. Después de la década de los cincuenta se realizan algunas obras del viejo proyecto.

En 1960, se une Jerez con Tepetongo.

En 1970 se trabaja en la carretera Guadalajara- San Cristóbal

En 1980, se pavimenta la carretera Guadalajara- San Cristóbal de la Barranca.

En 1982, se une Tlaltenango con Zacatecas por la carretera pavimentada. Esta pasa por Colotlán, Huejúcar, y Santa María de los Ángeles.

En 1984, llega el pavimento a el Teúl

En 1985, se une por terracería San Cristóbal con el Teúl.

En 1986, se inaugura la carretera Guadalajara-Colotlán y culminan un sueño que comenzó hace trescientos años.

El maíz II





De padre a hijo, de generación en generación se transmitieron los tiempos, los secretos, los rituales en los que se cosechaba el maíz, y se aprovechaba todos los derivados de una cosecha. Era distinto a las formas de la actualidad, las personas antes hacían su trabajo con escasa tecnología, pero se ingeniaban para crear sus propias formas de trabajo.




CULTIVO DEL MAIZ

La gente de antes era en extremo observadora, vivían en contacto con la naturaleza, la respiraban, la entendían, las respetaban y obraban conforme ella les indicaba. Desde la cosecha anterior ya habían separado sus mejores granos para la siguiente siembra, realizando una selección minuciosa que conducía a un mejoramiento natural de sus semillas. Apenas iniciaba el año y ellos tomaban sus lecturas de cómo se vendría el siguiente temporal. En esos primeros meses comenzaban a decidir el mejor tiempo para sembrar y actuar en consecuencia. En el temprano mayo o ya más entrado el temporal, en las primeras lluvias. En consecuencia los campesinos preparaban la tierra para empezar a cultivar.

Antes de las lluvias, se volteaba la tierra con una yunta de bueyes, compuesta además de los animales, por un arado y un yugo, que era un palo que se les ponía a los bueyes sobre el cuello, el arado llevaba una reja en la punta inferior, que servía para abrir la tierra.

Después de haber volteado la tierra, esperaban que las primeras lluvias mojaran la tierra, ni muy mojada ni muy seca, y con el arado se abría la tierra, para lo cuál se le colocaban las orejeras, las que ayudaban a que se extendiera la tierra, y detrás de el arado se colocaba el sembrador que iba echando los granos de maíz de uno en uno, a una distancia de unos 40 centímetros, el uno del otro.

Una vez depositados los granos en el surco, se regresaba la yunta tapándolos y así sucesivamente hasta terminar toda la extensión que se fuera a sembrar. Con una yunta de bueyes se sembraba aproximadamente unos 50 litros de maíz, y se tardaban unos 15 días.

LO QUE SE TARDABA EN SALIR LA CAÑA

A los 5 días de sembrada la tierra empezaban a salir las primeras cañitas. Y a los 8 días, ya habían brotado, todas aquellas que deberían haber brotado, creían que no iban a salir ninguna caña más, a muchos les funcionaba y a otros no.

A los 22 días después de haber sembrado, ya se le podía dar una escarda a la tierra, con el mismo arado con el que habían sembrado, pero con una orejera, un poco más chica. La cuál iba a un lado de las cañas, la cuál siendo mas chica, no las tapaba o aterraba con la misma tierra que iba abriendo, y la otra orejera era mas larga, parecida aquella con que se sembraba. Igual que cuando se sembraba se daba vuelta por el mismo surco. Esté era un proceso en el que se tenía que tener mucho cuidado porque los animales a veces eran muy broncos y podían golpear a los que iban sembrando. Casi todos los hombres tenían un mismo estilo para hacer este proceso.


SEGUNDO BENEFICIO PARA LA TIERRA

Este segundo beneficio para la tierra se hacia con el arado por en medio de el surco, aquí si cambiaba la forma de hacerlo, porque cuando daba vuelta el arado se cambiaba al siguiente surco. Esto era para que el surco se hiciera más hondo y cuando lloviera, la tierra guardara más tierra y humedad.“Este era el ultimo beneficio hecho para la tierra”.

CREENCIAS Y CALCULOS DE LAS PERSONAS DE ANTES


También se sabía que a los 3 meses después de haber sembrado ya había elotes, y 15 días después de haber salido ya todos los elotes, se cortaban las espigas de la caña, con una herramienta llamada zacatera. Con estas espigas se hacían unas llamadas brazadas, que se iban poniendo a una distancia de unos 10 metros. Ya estando cortada la espiga se dejaba que se secara y servia como un alimento para sus animales que eran muchos en aquel tiempo, y era los mejores e incluso era de los que mas les gustaban.



MONOS DE TAZOLE

El tiempo para hacer los monos de tazole, que era la manera en que se guardaba la pastura, era cuando ya se había secado la espiga de la caña. Estos monos se hacían en la madrugada, antes de que saliera el sol, con el fin de que todavía estuviera mojada la espiga con el roció de la madrugada, Porque al salir el sol se seca la espiga y se quiebra muy fácilmente, entorpeciendo la labor. Los monos se hacían con las espigas, estas las amarraban con unas varas, llamadas varaduseas. Estas varas se partían por la mitad, se amarraban de las puntas de las mismas varas, después por la mitad de las brazadas de las espigas, esto era para darles la forma a la cintura. Y con unas varas más cortas se amarraba la parte de arriba, formando la cabeza del mono. Después se dejaban los monos en los barbechos para que se secaran. Los cuales una vez secos los guardaban en almacenes para utilizarlos como forraje para los animales.


DESPRENDIMIENTO DE MAIZ DE LA MAZORCA

Una vez que se había secado el elote, seguía la llamada pizca del maíz.

Para esto, los hombres se colgaban unas quiliguas (contenedores o canastas grandes hechos de mimbre), en los cuales iban recogiendo las mazorcas, que cortaban de surco en surco, algunos o la mayoría hacían montones en el campo, o los vaciaban en costales de ixtle, en donde el producto se maltrataba menos. Después babeaban las mazorcas, en una parte donde les diera el sol para que se fueran secando poco a poco, y ya que estuvieran secas, se pasaban al llamado desgrane, que era el proceso en el cual se desprendía el maíz del olote, ellos hacían unas llamadas oloteras, para que se les facilitara y lo hicieran más rápido. Estas oloteras las hacían con los mismos olotes, los cortaban muy parejos todos, y les daban una forma redonda.

EL NIXTAMAL

Una vez pizcado el maíz se hacía el nixtamal. Se ponía el maíz en un balde, y se agregaba agua, en cuanto lo tapara y se le agregaba cal, según la cantidad de maíz que se fuera a preparar de nixtamal. Se ponía el balde a fuego lento, procurando que no hirviera el agua. Para saber si ya estaba listo el nixtamal, agarraban un grano de maíz, lo refregaban en los dedos y si el grano se pelaba, el nixtamal ya estaba listo. Al siguiente día, las personas procedían a molerlo en metate, o en un molino casero, y el producto es los que llamamos masa. Con los que se prepara: tortillas, tamales y atole blanco.

LAS CABAÑUELAS

La gente de antes creía que en los primeros días del año, era posible saber cual iba ser el tiempo para todo ese año, a ello le llamaban las cabañuelas. Cada uno de los días entre el primero y el doceavo, representaría el clima para cada uno de los meses del año.
Y después se iban a regresar sucesivamente de día en día como por ejemplo, el 13 de enero iba a ser noviembre, el 14 iba a ser octubre, y así hasta que saliera todo el año. De allí tomaban sus lecturas y actuaban en conformidad, en sus predicciones para el temporal. Ellos creían que las aguas iban a llegar después del miércoles de ceniza, cuatro meses después.

L.C.

El maíz


En el principio fue el maíz, y fue la tierra
y fue un tiempo en que alimento y sudor fueron hermanos,
que no bastaba la palabra para hacer la guerra;
que no había mayores motivos para enconos
que no se podía vivir atado a la rencilla


en el principio solo fue mirar el horizonte y descansar la vista
en el tiempo circular de la rueda y la labranza,
de los tiempos de lluvia de los tiempos de sembrar y recoger,
de ventear la canícula
de esperar a que escampara la tormenta
de vivir en santa paz
recogidos para adentro,
de esperar por el curso del destino
de hacer lo que se debía hacer,
de llevar los ciclos de la vida en su inmutable devenir,

en el principio siempre hubo un principio
y nunca hubo final
en el principio había el pastor y su palabra
y no se agotaba ni el pastor ni la palabra
porque siempre encontraba nuevos manantiales
nuevos abrevaderos y cuando se quedaba mudo
entonces venia la mano y hablaba mas alto y mas firme que palabra alguna;


y fue entonces que llegaron
aquellos que habían sido puestos en camino por la palabra
y llegaron a lomo de animal
enfundados en sus deseos de querer la tierra
de hacer de ella un campo florido y abundante
de hacer que lo estéril se alejara con el viento y la borrasca,


y volvimos a tener otro principio,
como siempre ha sido un principio que marca punto del final,
que inicia una nueva vuelta de la vida,
que desde siempre ha estado allí.

Mateo Saldaña
















Mateo de los Angeles Uriel Saldaña Dosal

Mateo Saldaña, como regularmente se le conoce nació en la ciudad de Totatiche, Jalisco, hacia el tercer cuarto de siglo XIX, hijo de don Miguel Saldaña, un prospero comerciante colotlense. En el seno de la sociedad colotlense paso su infancia el pequeño Mateo y descubrió sus dotes y aspiraciones artísticas, aventurándose a la ciudad de México a sus 17 años para continuar con su formación pictórica. Hacia 1892 ingreso a la academia de Artes de San Carlos, en donde se distinguió como un alumno excepcional, recibiendo muchos premios e incentivos por la excelencia de su trabajo, varios de ellos de las propias manos del Presidente de la República, General Porfirio Díaz.

Mateo Saldaña fue el alumno predilecto del Maestro de la luz, José María Velazco, uno de los grandes e ilustres paisajistas de México, quien dio a conocer al mundo, algunos de los más bellos paisajes y escenas mexicanas. La gran capacidad expresiva y plástica de la pintura del alumno, Mateo Saldaña, le abrió la posibilidad de primero auxiliar a su maestro con su clase de dibujo de paisaje, y posteriormente quedarse con la titularidad de la misma, en la Academia de San Carlos, que para entonces había cambiado su nombre a Bellas Artes.

Mateo de Saldaña fue el insigne maestro de decenas de generaciones de jóvenes artistas que pasaron por su aula de clases, y quienes abrevaron discretamente de su talento y arte.

Las obras de Mateo Saldaña se encuentran a la altura de las de los mejores paisajistas mexicanas, incluyendo las de su maestro José María Velazco, sin embargo continua siendo una incógnita, el porque no haya recibido en vida los honores y atención que su obra merecía, es hasta después de su muerte que su trabajo comienza a ser reconocido y el precio de sus obras alcanza sumas estratosféricas. Se presume que su obra pudo alcanzar un número superior a los 350 cuadros , sin embargo actualmente se conocen aproximadamente 250 de ellos, las cuales se encuentran en colecciones privadas mexicanas y extranjeras. La primer exposición venta de sus cuadros, ocurrió trece años después de su muerte en el Hotel María Isabel de la ciudad de México, en donde 17 de sus cuadros fueron presentados y rápidamente vendidos.

Los temas predilectos en la obra de Mateo Saldaña, son ranchos, haciendas, serranías, caídas de agua, lomeríos, vistas de pueblos en panorámica, llanos arbolados, plazas, y templos de diferentes regiones de México, y en ellos puede apreciarse un excelente manejo de la luz, un realismo asombroso con el que plasma la naturaleza con toda fidelidad, con un toque excelso de armonía de todas sus composiciónes. Pero para nosotros los colotlenses quizás los cuadros más interesantes y representativos, son aquellos, que se han dado en llamar “colotlanes” y “totatiches”, en los que Mateo Saldaña ha retratado o recreado, nuestros paisajes y nuestros pueblos, y que fueron ideados o compuestos en el placentero momento, que todo viajero o expatriado siente al visitar o evocar la tierra benigna que le vio nacer y crecer. Todos los que hemos tenido que alejarnos de nuestro terruño, sabemos de la añoranza, de soportar el día en cualquier parte del mundo, pero las noches, todas ellas las pasamos inevitablemente en nuestro Colotlán. Quizá no físicamente, pero si en nuestra memoria, imaginación y nuestros sueños. Difícilmente, pudo haberse escapado Mateo Saldaña a la añoranza de su Colotlán y su Totatiche.

Se desconoce casi todo sobre su vida, su familia, su esposa, sus hijos, su discreta vida artística y el momento en que rompió el cordón umbilical con su terruño y el destino decidió que no regresaría jamas a su tierra. Su paso por la vida fue discreto, al igual que lo ha sido su espléndida obra, no obstante la gran maestría que Mateo plasmo en cada uno de ellos. Estoy seguro que Mateo Saldaña, quedo marcado para siempre con el ser y el sentir del colotlense autentico, como lo demuestra su humildad, aún a sabiendas de la grandeza de su arte y genio se abstuvo de buscar los aplausos y la gloria. Pudiendo haber estado codo con codo con los grandes pintores de su época, prefirió la tranquilidad del aula y el sereno goce y disfrute de su creatividad, en el feliz solaz de su estudio ubicado en la azotea del antiguo Museo de Antropología, en la calle de la Moneda.

Las obras más renombradas del maestro Mateo Saldaña son “La Vuelta del trabajo” que realizará a sus veintitres años para presentarlo en su graduación y el “Antecoro del convento de Churubusco” En Colotlán no estamos aún seguros de tener una sola de sus obras, se presume que un cielo raso con querubines, en poder de casa de la cultura de Colotlán, pudiera ser suyo, sin embargo la última palabra aún no la sabemos, entretanto muy bien podemos dedicarnos a esculcar los sótanos y arcones de nuestros abuelos, en la búsqueda de una obra olvidada y desconocida del gran artista colotlense, Mateo de Saldaña.

Mateo Saldaña recibió y enfrento sereno a la muerte, un 30 de marzo de 1951, en su casa ubicada en la calle Carlo Dolci de la ciudad de México y fue enterrado en el panteón Jardín, sitio desde donde espera con paciencia que sus coterráneos le hagan justicia, y le lleven a reposar hasta el día del juicio final, cerca de los hermosos paisajes que pueblan sus sueños y su obra. “Los Colotlanes” y “Los Totatiches”

La mujer colotlense


La mujer colotlense hasta hace muy poco, siguió el prototipo idílico de la mujer mexicana: toda belleza, inocencia, prudencia y recato. Pero como nada es para siempre, han comenzado a cambiar, adoptando muchas de las actitudes y vicios de sus machos. El lenguaje sencillo y limpio que otrora ostentaron nuestras madres, se ha venido modificando con las palabras de moda, la voces groseras de los pelados y los comentarios de los borrachos. Afortunadamente, siguen conservando ese gusto por vestirse bien, por realzar su belleza e impactar ante todo por su hermosa presencia. Los ideales de dulzura y sensatez en la mujer, son virtudes en desuso que nadie extraña, ni a nadie le hacen falta, y que ni por ensalmo han llegado a los oídos de las jovencitas. En su favor diremos, que han sabido integrarse con eficiencia y capacidad a los retos económicos y productivos de nuestro momento. Que han sabido explotar de hecho la igualdad con los varones. A decir verdad no hay distingo entre un hombre y una mujer cuando de divertirse y de beber de trata. Es bueno reconocer y aceptar lo que somos y lo que nos gusta ser. Todo aquello que no es así, se llama hipocresía, y hace más daño que la verdad cruda.

El colotlense




El colotlense se caracteriza por su aire festivo, su humor zafio pero directo y sincero. Las chanzas agudas y los dobles sentidos, son el medio más eficaz para conseguir el regocijo popular. El colotlense gusta de llamar la atención sobre si, de hablar fuerte y burlarse sin miramientos del amigo y el enemigo. De pavonearse frente al sexo opuesto, de coquetear y exhibir su gallardía con una sonrisa de cinismo y suficiencia. En su fuero interno se asume como un vaqueton de marca, un alguien capaz de grandes hazañas de conquista sentimental; de actos decisivos de coraje y determinación; de memorables borracheras y sobre todo de desdén por los actos y emociones humanas, a las que califica de femeninas. El colotlense no vive sin el amor de una mujer, pero tampoco se somete a sus emociones, a las que califica de debilidades y por ello, se empeña en manipular, hacer sufrir y someter a su amada, como signo inequívoco de que no se lo traen, de que no se doblega, de que hace lo que se le pega en gana. Detrás de cada colotlense hay un nutrido grupo de amigos, con los que comparte sus emociones a medias, y con los que festeja sus triunfos y fracasos, grandes o pequeños. Con ellos pasa todas esas horas libres, muertas, y las de ausencia de sus hogares. Inequívocamente con una cerveza o vaso de vino en la mano, mientras vocifera las mayor cantidad posible de necedades.

El charro


El vínculo del colotlense con el caballo tiene muchos siglos de existencia. Cuando se fundo Colotlán en el año de 1591, a los indios tlaxcaltecas que vinieron a colonizar, se les dio el privilegio de montar a caballo y vestir como hidalgos. Desde entonces nuestra vida a sido más amena, en la compañía de ese gran amigo que es el caballo.


El charro mexicano, simboliza la invención de nuestro país, desde la llegada de los españoles a nuestros días. Proceso que se realizo palmo a palmo sobre los lomos de los caballos. Los mineros, misioneros, religiosos, mercaderes, soldados, insurgentes, liberales, revolucionarios y cristeros construyeron nuestra historia montados en la silla de un caballo. Aún nuestros abuelos gustaron de ese privilegio, que hoy solo unos pocos, entienden y disfrutan. La dignidad y valores de nuestra cultura y raza se encuentran representados en ese arte milenario, nacido del cabal entendimiento entre la noble bestia y su jinete.

Las Charreadas




La fiesta mexicana por excelencia: la charreada, es el escenario perfecto para que la sociedad colotlense se reúna; para que las mujeres hagan gala de su belleza, vestidas a la usanza vaquera, con botas, sombrero, jeans y el sello especial de nuestro pueblo: el cinturón piteado. Los varones vestidos a toda gala, haciendo ostentación de dobles y redobles cintos piteados, sombreros de incalculables x’s, aprovechan la oportunidad para gritar a todo pulmón, convivir con amigos y familia, y desde luego darse gusto con un trago o una cerveza. Es una fiesta para reír, admirar, exhibir, disfrutar, ovacionar e incluso disentir con los jueces y vecinos de grada.

La fiesta charra es el único sitio donde nos damos gusto de reírnos a carcajada abierta y con total impunidad de la mujer, los charros, las suegras, e incluso nosotros mismos, merced al narrador que entre pausa y pausa adereza el festejo con un chiste o comentario picante.

La tambora con sus festivos sones y corridos eleva los ánimos con el trepidar de sus instrumentos, entre los muros y los alborozados corazones. Las complacencias están a la orden del día y cuando los silencios se prolongan demasiado, nunca falta el gritón, que a voz de cuello exclama: y esos músicos trompa de hule a toque y toque. Grito que arranca inevitablemente la hilaridad de una concurrencia, harto predispuesta a divertirse.

En un ambiente de festejo, los charros vestidos con los trajes de faena, en colores claros y luciendo soberbios pencos, de extraordinaria musculatura y belleza, se dejan admirar de las mujeres y envidiar de los hombres. En tanto que soberbios, fingen concentrarse tan solo en su tarea.

Las diferentes suertes ponen a prueba la resistencia de los espectadores, con la angustia en un hilo. Desde que inicia el festejo con la cala de caballo, las mujeres ahogan un oh de sorpresa y admiración, con el jinete que detiene su corcel milagrosamente a centímetros del muro. Los píales en el lienzo, hacen vociferar a los expertos y los toros derribados aparatosamente, despiertan la algarabía de todos los presentes. Cuando la yegua sale despotricando incontenible, la respiración de los centenares de espectadores se ve contenida en el pecho, y es solo hasta que el jinete salta victorioso del lomo del animal, que vuelven a respirar con normalidad. Las manganas a pie o caballo, siempre absorben la atención del exigente público y el paso de la muerte, siempre cierra a tambor batiente la sesión. Cada momento de la charreada, es un momento especial, que requiere la atención total del público y de su respeto. Así terminada la faena, la gente regresa contenta y alborozada al pueblo, a seguir disfrutando de la noche. Y esperando la próxima cita de la fiesta mexicana por excelencia: la charreada.

Agustín Rivera y los problemas agrarios





La revolución mexicana, a principios del siglo XX, sin haberlo querido del todo, rompió el viejo sistema agrario, sin que con ello se hubiesen resuelto los graves problemas sociales del país. La explotación y el privilegio no obstante los repartos agrarios y la nueva constitución, persistió en el campo, aún cuando bajo formas nuevas en el ejido. La oligarquía latifundista a allí donde desapareció, fue remplazada por el interregno de campesinos jóvenes ambiciosos, enérgicos y ávidos, los mismo que dirigían los ejidos y se servían a si mismos, sirviendo al gobierno. El viejo individualismo campesino se despertó entonces en el corazón de estos jefes que pasaron a ser los nuevos gallitos locales e hicieron el juego del gobierno, el cuál dividía para reinar, quebrando las viejas solidaridades, suscitando una minoría privilegiada, en el seno de estos privilegiados que eran los ejidatarios, y haciendo inevitable la corrupción de cierto número de líderes, que una vez salvados traicionaban a sus hermanos.”

Los defectos del antiguo régimen reaparecieron sin estar ya justificados o atenuados por la tradición, la costumbre o la moral, sin el prestigio de una riqueza, de una cultura, de una historia secular que enmascaraba, con paternalismo su violencia fundamental. Entre esta violencia sin recato y los sueños utópicos de los campesinos, ¡que contraste! Las defensas agraristas no tardaron en adquirir los malos hábitos de los antiguos rurales, y sus exacciones hicieron que pronto fueran detestados.

El movimiento agrarista, de todos aquellos desnudos que reclamaban un pedazo de tierra para subsistir, comenzó cuando aún era muy temprana la revolución, así que para el año de 1920 en la ciudad de Colotlán ya existía un partido agrarista fuerte y muy bien organizado. Para noviembre de ese mismo año los agraristas ya le disputaban el control político del municipio al partido conservador que se había constituido durante los años de privilegio del porfirismo. El Partido Conservador o de los fanáticos, como se le conoció después, estaba encabezado por las personas más respetables y ricas de la ciudad. El jefe del partido conservador, era Paco Huízar, comerciante reconocido y líder moral de todos los propietarios de tierras, que asustados buscaban defender a como diera lugar sus patrimonios.

El 3 de noviembre de 1920, con motivo de la ausencia de autoridades que gobernaran el pueblo se realizó un plebiscito en la plaza principal, donde agraristas y reaccionarios se apedrearon, habiendo intervenido la fuerza federal para tranquilizarlos. Como no llegaron a ningún acuerdo político en el acto que se menciona, Felipe Torres Preciado, presidente comisionado, propuso una terna que gobernase, la cual no fue del agrado de todos, lo que originó que las discusiones se reanudasen, hasta que Torres Preciado nombró un Consejo Municipal, encabezado por el Sr. Tereso Aldana, mismo que tomó posesión y concluyo el año.” Este hecho marca el inició de un largo periodo de conflicto social interno que tendrá como objetivo principal una nueva distribución social de la tierra.

Los agraristas colotlenses, cuyo líder principal era don Martín Plascencia, el precursor del agrarismo en la región, pronto de dieron cuenta que para fortalecer su posición política y garantizar un reparto de tierras favorables a sus intereses e ideología revolucionaria, era necesario solicitar el apoyo del gobierno con armas y las resoluciones favorables. En 1924, el Sr. Plascencia apoyado por los señores Primitivo Huízar Robles, Rogaciano Márquez, José María Navarro y otros, urgían a las Autoridades agrarias la dotación profesional a varios ejidos.

Pero no es sino hasta el año de 1926, con el conflicto cristero encima, que el gobierno les dio armas al grito de “Tierra y Libertad”. De esta forma, el gobierno utilizó a los campesinos para enfrentar a los rebeldes cristeros, muchos agraristas tuvieron que prestar servicio militar permanentemente. Al principio solo debían permanecer en el lugar del acantonamiento, organizados en grupos de autodefensa que permitían la división en zonas y la vigilancia; pero después se les utilizó también para constituir la vanguardia de las tropas federales y en ocasiones para formar verdaderos ejércitos que salían en operaciones muy lejos de sus bases.

Es bajo las condiciones de la guerra cristera que en el año de 1927 se destacó un joven campesino proveniente de la comunidad del Carrizal, cuyo nombre es Agustín Rivera, y que merced a su valor e inteligencia rápidamente se convierte en el líder indiscutible de los agraristas. En septiembre y octubre de ese mismo año, las comunidades del Carrizal (Colotlán), Sotoles y Huacasco (Santa María) reciben dotación de tierra provisional. Con estos repartos el gobierno federal asegura la leal participación de sus aliados campesinos en el sometimiento de los cristeros. Sin embargo esta situación incrementó el odio entre los agraristas y los conservadores, muchos de los cuales apoyaban abiertamente a los cristeros. Esta decisión tomada precipitadamente por el gobierno federal tiene como fin mantener la lealtad de los agraristas, de la que no estaba totalmente seguro. Es curioso que en agosto y septiembre de 1926, en tanto que el gobierno organizaba febrilmente las milicias agraristas en Zacatecas, ese mismo gobierno desarmaba a los agraristas de Veracruz, de Michoacán, de Guanajuato y de Jalisco por temor a que la insurrección cristera reclutara entre ellos. Lo extraño es que los cristeros compartían esa misma creencia y esperaban firmemente resolver el problema de las municiones y del armamento con la incorporación inmediata de los agraristas, “tan católicos como nosotros”. No fue así, y en diciembre, en todo el país, los agraristas eran ya los auxiliares del ejército.

El domingo 8 de mayo de 1927, los rebeldes al mando de Felipe Sánchez, Quintanar y otros pusieron sitio a Colotlán. que estaba resguardo por de las tropas federales comandadas por el Teniente Coronel Medina quien contaban con el apoyo de los agraristas. La acción comenzó a temprana hora, y se prolongó hasta mediodía en que los sitiadores se retiraron dejando algunos muertos, en vista de haber sido atacados por la retaguardia por los agraristas de Huacasco, leales también al gobierno.

La importancia que el grupo agrarista había ganado en Colotlán se vio comprobado en el año de 1928, cuando el gobierno estatal confeccionó una planilla de munícipes encabezada por Jorge E. Preciado para gobernar; en Colotlán el grupo agrarista encabezado por Agustín Rivera y Leovigildo Corona organizaron su propia planilla, así que cuando Preciado llegó a tomar posesión, los agraristas ya se habían adelantado, impidiéndole la entrada. Agustín Rivera tomó posesión como presidente, y el Sr. José María Navarro como vicepresidente. A partir de este hecho, Rivera se perfiló como el líder indiscutido del agrarismo en la región, su personalidad y valentía mucho le ayudaron para encumbrarse, aunque su falta de cultura más tarde dividió a los agraristas y liberales en dos bandos distintos.

Como presidente Agustín Rivera fue un líder con grandes dotes organizativas, no obstante su falta de instrucción y su carácter reacio. En el mes de mayo de 1928, realizó grandes festividades con motivo de la batalla de Puebla. Reconstruyó el palacio municipal, cotizando forzosamente a los comerciantes y demás personas solventes de la ciudad. Durante su encargo existió un marcado interés por el mejoramiento de la administración municipal y el impulso a la educación. Para todas estas mejoras influyo mucho el Prof. Francisco Javier Huízar Martínez, quien se convirtió en uno de los mejores consejeros y amigos del presidente. En este periodo se exigió el uso del pantalón a todos los individuos, pues era bastante común el uso del calzón; los policías recorrían la ciudad en busca de niños vagos para llevarlos a la escuela.

Sin embargo, algunos de los problemas comenzaron cuando, el partido agrarista, a cuya cabeza se encontraba Agustín Rivera cometió el error de permitir entre sus filas a individuos de dudosa conducta, bandoleros y asaltantes, a quienes defendió sin condiciones. Mucha de la gente se quejaba del constante robo de su ganado, y se achacaba el abigeato a los amigos de Rivera. En tal caso de cosas, los liberales que tuvieron la inteligencia de distinguir perfectamente el lado malo de cada uno de los bandos, decidieron apartarse de la política, aunque simpatizando con Rivera.

Muy pronto este grupo liberal encabezado por los señores: J. Jesús Rosales, Francisco R. Mayorga Adolfo y Jesús Moreno, Prof. J. Francisco Martínez, Carlos M. De León, Andrés Iturriaga, Segundo Ortega, J. Inés Huízar, comenzó a organizarse políticamente para disputar el control político a los agraristas. Buscaban establecer un contrapeso a los desmanes de Rivera y sus amigos, pero sin caer en la postura de los llamados fanáticos, quienes apoyaban de manera descarada el movimiento cristero, con granos, arma e incluso dinero. Sin embargo la fortaleza del partido agrarista todavía estaba bien cimentada con hombres como Paco Martínez, acostumbrados a enfrentarse con la muerte en los campos de batalla. Agustín Rivera, no buscó integrar a los disidentes, sintiéndose fuerte con sus aliados, que en muchas ocasiones aprovechaban su situación para cometer desmanes y tropelías. De esta forma Rivera, se cerró el mismo la posibilidad de continuar siendo un resorte vivo para el desarrollo económico y social del pueblo. Los liberales habían nutrido con ideas y apoyo moral y económico su administración.

Para el año de 1929 en que se celebraron nuevas elecciones, y en que a nivel nacional se había formado el partido aplanadora, el PNR, los agraristas triunfaron, encabezados por segunda ocasión por Agustín Rivera, como presidente y el Señor J. Jesús Rosales como vicepresidente. En tanto que muchos liberales se abocaron a conformar el comité del PNR en Colotlán, allí participaron los señores: José María Navarro, J. Jesús Rosales, Leovigildo Corona, Fernando Bustio G. Primitivo Huízar, Prof. Francisco Huízar M. Y otros.

Para el 19 de marzo de 1929, cuando estallo la rebelión Escobarista, el 75º regimiento abandonó la región acompañado de un buen número de agraristas y familias simpatizadoras del gobierno constituido. Los segundos se quedaron en Jerez y agregándose a los agraristas de aquella ciudad, alcanzando las fuerzas el número de 400, que dispuestos, esperaron con tranquilidad el ataque de los cristeros, pues nuestra región y buena parte del estado de Zacatecas, habían quedado dominados por los cristeros. Así, en los últimos días de marzo y primeros de abril, nuestra ciudad se vio llena de elementos del ejército liberador, al mando del famoso Gorostieta y demás jefes rebeldes que a su llegada realizaron un gran mitin en la plaza principal. Hubo discursos y descargas en señal de regocijo y atención al creer que su triunfo estaba asegurado. Se nombró presidente municipal al señor José Flores, comerciante de reconocida filiación rebelde. Pero este triunfo aparente de los coterráneos no se había de prolongar por muchos días.

A raíz de haber aplastado con demasiada prontitud la rebelión Escobarista, el gobierno comisionó al Gral. Montalvo con mil soldados y seiscientos agraristas de la región, el objeto de pacificar a la misma, llegando a mediados de abril. Tuvo su primer encuentro en el Tesoro, cerca de Jerez inmediatamente después de su llegada. En esa acción, más de doscientos federales dieron la espalda al enemigo, circunstancia que puso en peligro, no solamente al Estado Mayor del general Montalvo, sino a todas las fuerzas gobernistas. Es de notarse que se peleo a bayoneta calada y que la batalla terminó después de mediodía; se efectuó la más horrible confusión por haber robado los rebeldes la contraseña a los agraristas, que consistía en la manga izquierda arremangada. Los cristeros en número aproximado, de 2500 , hacían esfuerzos denonados por ganar las ventajas de una elevación en el terreno de la lucha, y fue así casi en las alturas de la misma donde los combatientes cayeron hasta el horror. El propio General Montalvo estuvo a punto de caer abatido, sino es por la oportuna intervención de los jefes agraristas, entre ellos el Sr. Primitivo Huízar, que protegiéndolo valientemente, lograron no solamente cambiar la contraseña de buen número de agraristas, sino instalar en las alturas tres ametralladoras, habiendo salvado la situación de desesperación de los artilleros que debidamente instalados, hicieron estragos en las filas enemigas. El campo quedo cubierto de cadáveres de ambos bandos, y ya entrada la noche llegó a Jerez y no obstante no haber sido derrotado, perdió muchas piezas de artillería y más de cien soldados, sin contar los desertores que por intervención de los propios jefes agraristas, conservaron la vida.

Los simpatizantes del Ejército Libertador tuvieron la mayor decepción de su vida al contemplar tristemente la ocupación de la ciudad por parte de las fuerzas gobernistas. A pesar de que todos los jefes sabían quienes en la ciudad auxiliaban moral y económicamente a los rebeldes, jamás mancharon sus manos con sangre inocente. Acaso su desquite lo encontrón en las vacas, que robaron para su alimento, y los distintos préstamos que impusieron a los ricos, particularmente a aquellos que según estaban informados ayudaban moralmente y a veces hasta con dinero a los rebeldes. Mucho debe Colotlán a que algunos de sus hijos hayan jefaturado las fuerzas agraristas, porque éstos pudieron influenciar ante los jefes militares para que no se fusilara a gente de la ciudad.”

Para aquellos días ya, Agustín Rivera había torcido su línea “quebrando” con el Sr. Primitivo Huízar, como meses más tarde había de hacerlo con el Prof. Francisco Javier Huízar Martínez. Por medio de intrigas había tratado de fusilar al Sr. Primitivo Huízar, por ser un anticristo peligroso. No lo logró por la intervención inmediata del Gral. Montalvo que operaba en Zacatecas y que, avisado oportunamente, descubrió la maniobra y evitó el crimen. Sin embargo su suerte ya estaba echada, así el 22 de abril en que se libró una batalla en Colotlán, el Sr. Primitivo Huízar fue asesinado por los mismos agraristas. El gobierno federal apoyado por los agraristas retomó el control de Colotlán.

El día 27 de junio se reanudo el culto y los servicios religiosos en todas las iglesias de la República, y los jefes rebeldes licenciaron sus tropas y se amnistiaron, Felipe Sánchez y otros lo hicieron en Tlaltenango ante el Gral. Quintero; otros lo hicieron en Zacatecas.

La fuerza que había ganado el partido agrarista con estos triunfos militares al lado del gobierno, se vio reflejado en las elecciones de 1929, en que triunfo de nueva cuenta el grupo agrarista, lidereado por Agustín Rivera, siendo electo como presidente el Sr. José Gómez, quien tomó posesión el día primero de enero de 1930.

Para salvaguardar la paz y la concordia de la región, en el año de 1931 se estableció en Colotlán el Gral. Quintero, con el regimiento a su cargo, quienes observaron una conducta ejemplar, por lo que fueron estimados por la población. El General Quintero disipo la modorra de Colotlán con la serie de diversiones que propicio; auxiliado por la tropa a su cargo: arreglo el campo deportivo a la salida de la calle independencia, el campo de aviación de Santiago Tlatelolco.

En 1931, los conservadores, aliados con los liberales le arrebataron el poder a los agraristas, encabezados por el C. J. Jesús Rosales, anunciando así una serie continua de triunfos. En las elecciones de 1932, los Riveristas fueron incapaces de reconquistar el poder, triunfando la planilla encabezada por el Sr. Adolfo Moreno Ávila, quien tomó posesión en enero de 1932. A fines de ese año comienza aparecer un periódico Riverista que ataca fuertemente a los líderes del partido y que enciende nuevamente los ánimos entre ambos grupos. A resultas de esto fue asesinado el Sr. Andrés Iturriaga, y se escapó milagrosamente el Sr. Pancho Mayorga, en una emboscada que les tendieron cuando regresaban ambos del Hepazote. Esto ocurrió a principios de 1933, cuando el Gral. Quintero había abandonado la ciudad por órdenes superiores. En ese mismo año resulto electo el Lic. Antonio Ramos Aréchiga, quien tomo posesión el primero de enero de 1933, de esta forma se sumo otra derrota consecutiva a los Riveristas.

En este último periodo se caldearon los ánimos de los dos grupos políticos. Rivera fue procesado y aprehendido en Zacatecas por el comandante de la policía de Colotlán, Sr. Rafael Flores. Sus propios partidarios jamás comprendieron como Rivera, siendo un individuo tan valiente, se había dejado “agarrar”. Se le condujo a esta población y se le interno en la cárcel pública, a donde con frecuencia iban a visitarlo sus partidarios. Se desconoce el motivo de su proceso, aunque la voz pública aseguró por aquellos días, que se le acusaba de robo de ganado. Periódicamente, como es rigor en estos casos, Rivera era sacado de su prisión con el objeto de que declarara ante el Juez, para lo cual era conducido por un policía. El día 20 de septiembre de 1933, el policía le dio muerte cuando subía la escalinata, disparándole a quemarropa su pistola.” Los agraristas dieron muerte al asesino, quien se había dado a la fuga, en una población de los E.U.”

Las elecciones de 1934, las pierden nuevamente los agraristas, siendo elegido, el C. Segundo Ortega. En este año los agraristas se preparan para asesinar a algunos de los miembros del partido contrario, entre ellos el presidente municipal y Paco Huízar. A las nueve de la noche del día 22 de marzo de 1934 fueron asesinados Paco Huízar y Segundo Ortega en el jardín de la plaza de armas, por una veintena de agraristas que habían llegado sigilosamente y se habían apostado estratégicamente para asesinarlos. Cuando la policía se organizó, los asesinos estaban ya muy lejos.

Con estos asesinatos la resistencia liberal se desvaneció, después de estos hechos nadie quería tomar posesión de la presidencia municipal, hasta que acepto don Demetrio Lozano, quien posteriormente la dejaría en manos del Sr. León Santoyo, miembro del bando agrarista, quien gobernó el resto del año de 1935 y el siguiente. A el le siguió una larga lista de presidentes agraristas entre ellos:
el C. Secundino Márquez, En el año de 1936, de filiación agrarista quien hizo un trabajo muy moderado.
En 1937, el Sr. Faustino Hernández Vázquez, que aunque no era agrarista, si era liberal por convicción y
en los años de 1938 a 1939 gobernó Colotlán David S. Leaños, también agrarista.

A partir del año de 1940, con la llegada del presidente Ávila Camacho se abandona la política seguida por los anteriores presidentes, principalmente Cárdenas, y se favoreció la expansión de la agricultura capitalista, y la defensa de la pequeña propiedad privada. Con estos cambios de política agraria que fueron continuados por los subsecuentes presidentes, se limitaron también los conflictos al interior de la sociedad colotlense, limitando los enfrentamientos entre los agraristas, los liberales y los fanáticos o conservadores.

La Sedición del Indio Mariano







En el año de 1801 el indio colotleco Juan Hilario Rubio convocó a los pueblos indígenas nayaritas y jaliscienses a prepararse para recibir a Mariano, “el Rey Indio que faltaba de los que fueron a Belén a adorar a Dios”

Estas fueron algunas de las cartas distribuidas de pueblo en pueblo que invitaban a los indígenas a la sedición y que lograron movilizar una gran cantidad de pueblos indígenas del norte y occidente de México y de los cuales algunos involucrados fueron brutalmente reprimidos por las autoridades españolas.

¨Hago saber a todos los gobernadores, alcaldes y cuántos pueblos hay en las Indias que habiendo sido nuestro señor todopoderoso servido el sacarme de aquellos trabajos que Dios ha servido y sólo aclamado a su divina majestad, parece me ha concedido en ponerme en tierra de salvamento, aunque si con bastante peligro y aclamando al cielo divino del que llegue el día de Reyes, que es cuando necesito de la congregación de todos mis pueblos a recibirme, que ha de ser con la mayor prontitud que se pueda dos días antes de Reyes, sin excusa alguna, vengan a conocer a su Rey".

Noticia a todos los gobernadores o alcaldes de todos los pueblos de indios de este reino de Indias, que para la entrada en el pueblo de Tepic os esperara el día 5 de enero del mes primero de este año de uno a orillas de Tepic a la parte del poniente en donde llaman Las Higueras de lo de Lamedo, sin ninguna excusa, con citación de todos los indios viejos y mozos para la compañía de mi entrada a Tepic , que soy el rey de Indias el día de Reyes, pues aunque sean soldados como no sean gachupines. (Es) pero respuesta con el enviado, firmado por el escribano para dicha entrada a Tepic. Y también su bandera blanca con las armas que sean, lanzas, flechas, cortantes, hondas, palos o piedras. También encargo con el mayor sigilo y silencio sin que el alcalde mayor lo sepa y ningún vecino de Tepic lo sientan, se me hagan presente en la parte que los cito. Pasa ésta a otro pueblo.

Al menos desde enero de 1800 de decía y comentaba públicamente en Colotlán que el “Rey de la máscara de oro” se hallaba en Durango; un indio de Zapotlan declaró que desde hacía tres años se comentaba que “el tlaxcalteco” había de ser rey; a mediados de 1800 unos indios de Guaynamota dijeron que en Tepic “ habían estado dos indios con petos y cacles de oro” y “que había de coronarse el tlaxcalteco que había ido a España y que el rey nuestro señor le puso tres coronas delante, una de España, otra de Perú y la otra de este reino, la cual le regalaba si le conocía; que de facto habiéndolo conocido se la regalo”; otro testigo declaró que el dicho de la coronación del tlaxcalteco existía al menos desde hacía 30 años.
El indio Francisco Sainz fue acusado de haber dicho en conversación con otro indígena que un rey “antiguo de su nación”, “ de cuando eran herejes”, “que era santo”, que “había huido por mar o por tierra, que se aparecía a los indios y no a los españoles”, “que el rey indio estaba coronado, que entraría y entraría, que como no lo había aprehendido cuando anduvo con la máscara de oro, por que el tenían miedo, porque era el mismo; que nuestro rey ( el de España) había ganado aquello a traición”.

El 3 de enero de 1801 se descubrió la sublevación para coronar al indio Mariano, el líder indígena insurrecto, el monarca de la máscara de oro, que era el dueño de las Indias, que andaba según se decía con mil disfraces visitando su tierra, solicitando la anuencia y socorro de todos los indios para recobrar sus tierras. Quien era el hijo del gobernador de Tlaxcala, ya difunto; y que en vida se había mantenido con cacles de oro y la grandeza correspondiente, y en ese tiempo había ido el tal Mariano a España y hablado con el rey nuestro señor, diciéndole que iba a que le pagasen la renta de sus tierras, su majestad dio seis pasos atrás dejándolo afuera; y con esto se retiró luego dicho Mariano y se vino huido para este reino. Y que le reverendo obispo había de ir al tiempo de su coronación.

En esos días del mes de enero de 1801, se registró un intenso movimiento de grupos indígenas armados de diferentes orígenes, se habló: de coras, huicholes, tepehuanes, yaquis, yumas, nayaritas; contra los cuales el gobierno virreinal organizo la defensa en Tepic, armando a los vecinos y trasladando a Tepic los cuerpos milicianos de Sentispac, Compostela, Acaponeta, Sandovales y Paramita, la infanteria veterana, marineros y artilleros de San Blas, el Batallón de Milicias de Guadalajara y el cuerpo de dragones de Nueva Galicia, en total se reunieron 762 hombres con ocho piezas de artillería de diverso calibre. Con estas tropas el capitán de fragata Francisco Eliza se sintió lo bastante seguro como para tomar la iniciativa y confrontar a los rebeldes. Se libraron algunas escaramuzas y se aprehendieron a un número considerable de los insurrectos, casi trescientos reos de los cuales en 1806 aún quedaba una docena de ellos en la cárcel de Jalapa.

Aún cuando se realizaron exhaustivas averiguaciones por todo el país para dar con el paradero del Indio Mariano, este nunca fue aprehendido. Y el gobernador de Colotlán informó que los hijos del gobernador indígena del barrio de Tlaxcala no llevaban ese nombre y eran sujetos fieles. Sin embargo Mariano se resistió a desaparecer por mucho tiempo; así en noviembre de 1810 unos indios, muchachos presos en las Cruces, informaron que quien había dado la orden de seguir al cura Hidalgo, de matar al virrey y a todos los gachupines para repartir sus bienes entre los pobres, era su Majestad el rey de España. Andaba de incógnito, en una caleza negra que seguía al padre Hidalgo. Era el Rey de la máscara de Oro.

Estos son los hechos de la primera insurrección indígena del siglo xix, antecedente de la guerra de Independencia y en la cual se percibe el descontento de la población indígena mexicana, que busca a todas luces un cambio en sus condiciones de vida, con la coronación de un rey de su misma raza. Dicho rey, hijo supuesto del gobernador de la Nueva Tlaxcala del barrio de Colotlán, fincaba su legitimidad en su nacimiento, en su pertenencia a la nobleza indígena de la región, de los que habían sido aliados de los españoles en la conquista y la colonización, y que en virtud de sus servicios habían obtenido envidiadas exenciones y privilegios y de los cuales somos nosotros sus herederos, aun sin saberlo o tomarlo mucho en cuenta.

A poco más dos siglos de la insurrección del Indio Mariano, aún quedan muchas dudas por despejar de un movimiento social que ha sido disminuido y olvidado, pero que a nosotros como colotlecos nos debería interesar el recuperarlo y partiendo de allí reconocer nuestro origen y fundamentar nuestra identidad histórica. La que se ha venido diluyendo con la apatía generalizada de pueblos y gobernantes, que no tienen un sueño y un destino común de grandeza que los hagan sobresalir y buscar mejorar las condiciones de vida de su pueblo.

Mucho se ha dicho, y los mismos encargados de llevar al cabo el juicio de los sediciosos, concluyeron la inexistencia del Indio Mariano, y atribuyeron su creación a la actividad sediciosa y alborotadora del indio Juan Hilario Rubio, tachado de traidor e infame. Pero los elementos de legitimidad que dieron lugar al levantamiento siguen existiendo, y es aún mayormente halagador que sea Colotlán el sitio de origen desde el cual se reivindiquen estas demandas con o sin Mariano. Si hubiese existido el dicho Mariano o algún otro que hubiese asumido el movimiento quizás viviríamos en un mejor mundo.

Quizás las lecciones de la historia sea de lo más difícil de asimilar y de sacarles provecho, pero deberíamos intentarlo a la vez que conocemos nuestra propia historia regional, tan oscurecida y enrarecida por la historia oficial de nuestros libros de texto.


Bibliografía

A la voz del Rey, Jean Meyer. Edit. Cal y Arena. 1989

La rebelión del Indio Mariano (Nayarit, 1801) Felipe Castro Gutiérrez. Estudios de Historia Novohispana. U.N.A.M. 1991

Don Herminio Sánchez Sánchez







El resonar disparejo de los cascos de los caballos sobre el empedrado, a plena medianoche, anuncian la llegada inesperada de un pelotón de gente a caballo, despertando a aquellos moradores del pueblo, con el sueño más ligero. La figura difusa de un jinete se recorta a trasluz en la parte más alta de la calle independencia, la luz opalina de la luna le pega de lleno sobre las espaldas, proyectando una sombra larga y espesa. Es un hombre de sombrero charro, camisa de manga larga, botines con espuela de plata y rodaja, carrillera cruzada, y carabina 30-30, atravesada sobre la silla. Monta un caballo negro, con una estrella blanca en la frente, de gran alzada, patas largas y fuertes. Detrás de él, en columna de tres a fondo, le siguen un centenar de jinetes armados, que en silencio se deslizan bajo la protección de la noche. Parecieran no querer turbar el sueño de los colotlenses, quienes en el interior de las casas y con las lámparas de querosén apagadas, atisban cuidadosos el singular desfile, por entre las ventanas entreabiertas y los huecos en la madera de las puertas. Los murmullos y voces apagados en la oscuridad resuenan de casa en casa, mezclando con miedo y recelo el nombre de los desvelados fantasmas de la noche. -son los cristeros y a la cabeza viene don Herminio Sánchez, se oye decir por doquier. 17 de diciembre de 1926.

Don Herminio Sánchez, es un hombre bien parecido, alto de cuerpo y fornida complexión física; en la plenitud de sus cuarenta años de edad, con la sonrisa a flor de boca. Ojos de un verde-azul deslumbrante, y la magnética personalidad del que sabe mandar y gusta de ser obedecido. Su aspecto es serio, pero el aire de simpatía que despierta su persona es suficiente para ganar la confianza de los hombres y la admiración de las mujeres. Don Herminio Sánchez es un hombre cabal, de una sola pieza y palabra. Eso se mira a leguas y es por ello que se tiene bien ganada la confianza y buena voluntad de sus conciudadanos. Es valiente como pocos, y decidido como ninguno.

Don Herminio Sánchez Sánchez, nació en el año de 1886 en Colotlán, Jalisco. Hijo legitimo de don Loreto Sánchez y Sánchez y de doña Soledad Sánchez Valenzuela, próspero y sólido matrimonio, de amplia aceptación social en la ciudad y propietarios de varios ranchos en la región. Los primeros años de vida de Herminio tendrán lugar entre las reuniones sociales de la clase acomodada del porfiriato y las faenas propias de la labor del rancho. Tendrá la oportunidad de asistir a la primaria, prepararse en la fe católica y forjar su carácter y vigor físico, en las rudas labores del campo. De espíritu inquieto y aventurero, se convertirá en el líder indiscutible de su grupo de amigos y más tarde, amplios contingentes de hombres armados.


El 15 de febrero de 1912, a un año de iniciado el conflicto armado, contraerá nupcias con la Srita. Hermelinda Campos Ortega, situación que lo mantendrá alejado de participar en una revolución mexicana, cuyas principales reivindicaciones carecerán de pertinencia para un región conformada en su mayor parte, de ranchos agroganaderos y unas pocas haciendas. Para los habitantes de Colotlán, en su mayoría propietarios de ranchos la revolución mexicana y las reivindicaciones zapatistas de la lucha por la tierra, no tendrá mucho sentido, por lo que se mantendrán en cierta forma indiferentes al conflicto.
De 1912 a 1919, periodo en que se registran los enfrentamientos más fuertes de la Revolución Mexicana, el Sr. Herminio Sánchez Sánchez se dedicara casi por completo a su familia y a procurarles el sustento, en una época de grandes carencias y peligros. Herminio y su esposa Hermelinda darán vida a cinco hijos, tres mujercitas y dos varones: Clementina, Guadalupe Elena, Soledad, Ma. Guadalupe, Antonio y Herminio Sánchez Campos.

En el año de 1924, El Sr. Herminio Sánchez Sánchez, de acuerdo con el Gral. De Santiago, que operaba en Veracruz apoyo el movimiento que promovía la candidatura del Gral. Adolfo de la Huerta. El pronunciamiento fue secundado por el Gral. Guadalupe Sánchez en Veracruz. El Sr. Sánchez quien era un líder nato y gran organizador, pronto logró reunir más de 1000 hombres con los que amenazó Zacatecas, a fines de enero de 1924, ya había puesto sitio a la ciudad, cuando supo que Adolfo de la Huerta, jefe supremo del movimiento, había huido al extranjero y que sus partidarios habían sido vencidos en Ocotlán, Jalisco, y en la Esperanza, Veracruz, había sido fusilado el Gral. De Santiago. Sánchez se volvió a la Colotlán, y la mayor parte de sus subordinados volvieron a su hogares.

Para el año de 1926, en que se inició el conflicto cristero, era ampliamente conocida la fama de valiente y hombre cabal de don Herminio Sánchez Sánchez. La revolución mexicana, con su reparto indistinto e injustificado de tierras, amenazaba con acarrear grandes injusticias sobre muchas de las familias acomodadas de Colotlán. Gentes de campo y de empresas como Herminio Sánchez, quienes habían formado un pequeño patrimonio sobre la base del trabajo duro y constante, ahora se veían expuestos a perder sus tierras, a manos de una partida de revoltosos, muchos de los cuales no eran de este lugar, y aún menos campesinos. A esa ominosa situación se sumo la amenaza del gobierno de Calles en contra del culto católico de los mexicanos, y fue entonces cuando invitado por algunos seglares residentes en Guadalajara y otros puntos del país, se decidió a participar en la guerra cristera.

El 28 de noviembre de 1926, en el corral de la casa de Teofilo Jara en la ciudad de Totatiche, se encontraban reunidos muchos hombres, con sus caballos ensillados y con la premura de los últimos detalles de un levantamiento armado. El ir y venir de hombres, previniendo la cobija, las gordas, un poco de dinero y sobre todo revisando los cerrojos, las pistolas y el parque. Entonces Don Herminio Sánchez tomo la palabra:

“Señores, ¿Están dispuestos, como quedamos, a levantar las armas en defensa de nuestra santa religión?. Todos en voz alta contestaron “Si”. Don Herminio prosiguió: “El que no quiera por miedo u otros motivos, ahorita es tiempo”. De nuevo todos en voz alta volvieron a contestar “Si, estamos dispuestos”

Don Herminio armó su gente y salieron después de la pregunta que les hizo. Pero antes de ello, les entrego una carga de parque y una arma a los que no la llevaban. Montaron a caballo y salieron rumbo a la plaza, y le dieron una vuelta. Luego se pararon frente a la presidencia municipal, Don Herminio Sánchez, al frente de sus hombres, montado en su caballo, levantando su sombrero en alto, los arengo diciendo. “Viva Cristo Rey y Viva la Virgen de Guadalupe”. De esta manera se lanzó a la lucha armada; dispararon unos balazos y luego quebraron la puerta de la delegación, sacaron dos talegas de pesos y salieron de Totatiche ya enemigos del gobierno, rumbo a Tlaltenango, Zacatecas. Había nacido el movimiento cristero.

La primera flor que produjo la planta de la revolución cristera fue la Hacienda de Villalobos, (municipio de Tlaltenango). Antes de que amaneciera cayeron sobre la hacienda, había tres soldados militares cuidando los caballos. Mataron a uno, otros se les fue y el tercero se les escondió y no pudieron hallarlo. Se trajeron 30 caballos, un cerrojo con todo y cananas bien llenas de parque y al tercer día amanecieron en Villa Guerrero. Allí empezaron a engrosar la filas rebeldes con algunos señores que se dieron de alta. Para principios de diciembre entre los hombres de Totatiche, Temastian, Villa Guerrero y Bolaños, se contaban cerca de 200 hombres armados, unos con cerrojo siete milímetros de caballería e infantería, carabinas 30-30 y 44. al principio se les decía “voluntarios”; después “rebeldes” y finalmente “cristeros”.

Sucedió que el día 5 de diciembre de 1926, día domingo tuvieron noticias de que el General Arenas venía a Colotlán a hacer la primera visita a los cristeros. Se juntaron todos los combatientes cristeros en la sierrita de los Cardos que esta en medio de Villa Guerrero y Temastian, eran alrededor de 150, y allí esperaron todo la mañana la llegada del General Arenas con los soldados federales. Alrededor de las tres de la tarde se empezaron a oír los primeros disparos. El general Sánchez había colocado a su soldados en el lado norte de la cañada, afortinados tras una cerca; así que al dar blanco la federación, los cristeros soltaron el fuego haciendo huir al ejercito enemigo. Los cristeros abandonaron sus puestos y persiguieron a los federales que se les perdieron entre el monte, logrando matar uno y capturar otro. El monte de roble y manzanillo ayudo mucho a los federales en su huida. De resultas de esta persecución murieron cuatro cristeros y algunos sardos más. Este fue el primer tiroteo de los cristeros de la región con los federales
Estando reunidos en Villa Guerrero, Jal. Nemesio López y su hermano Jesús , quisieron desconocer a don Herminio como jefe y nombrar a don Pedro Quintanar, Jefe General de todas las fuerzas. Sin embargo don Herminio no perdió el aplomo, y reconociendo las marrullerías de los dos descontentos, les hablo de frente y claro delante de la gente diciéndoles:

“Si yo he sido jefe, es porque nadie más lo es, y esto, tiene que tener un jefe para que pueda hacer algo y no venga la anarquía. Si no son útiles mis servicios y mi presencia no es objeto de unidad y concordia, desde hoy dejo de ser jefe y sigo trabajando como el último soldado. Yo vengo a trabajar por el triunfo de la causa y no por motivo de lucro, porque esto podía lograrlo más y mejor en mi propia casa. Si mis servicios son aceptados, yo, pues sigo trabajando como el último soldado, pero si de soldado llegó a sargento, los hombres que trabajen a mis órdenes se tendrán que sujetar a las disciplina y al orden por la buena o a la mala.”


Como por encanto los descontentos quedaron desarmados y muy satisfechos de colaborar con don Herminio, tan agradecidos quedaron, que Jesús no tardo mucho en cambiarse a la filas callistas, en la búsqueda de hacer más fácilmente fortuna. En tanto, que Nemesio haciéndose pasar por enviado de Sánchez, se dedico a juntar dinero para “la causa”, entre los ricos de la región, con un nombramiento falso, que ostentaba la firma fraudulenta de don Herminio.

A mediados de diciembre de 1926 llegó a Villa Guerrero el General Pedro Quintanar del lado norte de Valparaíso, Zac. Con unos 150 hombres armados. Fue bien recibido y admirado por todos los pacíficos del pueblo y los cristeros de Villa Guerrero. Quintanar se entrevisto con don Herminio Sánchez, jefe de los rebeldes de este rumbo. Juntos los dos generales planearon los pormenores de la campaña, en tanto que mandaban emisarios por toda la región, en la búsqueda de hombres que se decidieran unir a la causa y de apoyos en armas, parque, dinero e incluso alimentos para los hombres y las bestias.

Estando Quintanar en este lugar, regreso el general Arenas, con unos cincuenta soldados y los voluntarios a las ordenes de Quintanar, los esperaron de este lado de Temastian. Ahí acomodaron su gente por toda la ceja, afortinados detrás de una cerca esperaron al enemigo, que al poco tiempo apareció, siendo como las 10 de la mañana. Fue entonces cuando los cristeros les soltaron el fuego macicito, que duro muy poco rato. Arenas al ver la emboscada, hizo la retirada, no queriendo hacer frente a los cristeros. Los cristeros le persiguieron, pero con precaución, hasta que se les perdió por entre el monte.
Los generales don Pedro Quintanar y don Herminio Sánchez Sánchez decidieron juntar sus fuerzas para presentar batalla a los federales. El día 25 de diciembre bajaron las fuerzas cristeras al ranchito de Momax, sin encontrar resistencia y se siguieron de largo para atravesar del cañón de Colotlán al de Jalpa, la gente se amotino, aduciendo la peligrosidad de un terreno desconocido. Finalmente, se decidió continuar por todo el río rumbo a Colotlán, pero al llegar al punto donde se aparta el camino hacia Cartagena, un grupo de soldados callistas alcanzó al pelotón con una andanada de plomo y de inmediato los jefes ordenaron a los cristeros dirigirse al rancho de las Atarjeas, que era un rancho en el municipio de Totatiche, perteneciente a don Herminio
Sánchez. Este lugar es una mesa muy guarnecida para el combate, y propicio para repeler un ataque numeroso. Al norte hay un reliz muy alto; al sur esta un despeñadero y al norte, una barranca muy honda y trabuca. Al poniente es terreno de agostadero muy parejo y cubierto de zacatón. En este viento había un lienzo de piedra doble que corría de sur a norte, de ceja a ceja. El casco del rancho estaba ubicado al sur, sitio donde había un ojo de agua con atarjeas. Los federales los siguieron hasta la mesa de las Atarjeas, donde los cristeros ya habían tomado posiciones, y observando las dificultades de la empresa, mejor optaron por retirarse.

La mañana del 26 de diciembre de 1926, los jefes dispusieron que la gente tomara alimento en los ranchitos cercanos y otros en la misma casa de don Herminio. Cuando los vigías avistaron a los federales avanzando por el camino real que conduce a Totatiche. Los dos generales que ya habían organizado las estrategias para repeler el ataque, ordenaron que la caballada quedara ensillada en los corrales, lista para cualquier contingencia; que las ventanillas de la casa fueran tapadas y los soldados necesarios para la defensa fueran dispuestos. La demás gente la extendieron por el lienzo doble de sur a norte, a tres o cuatro metros unos de otros. Cada soldado hizo su fortín. Les ordenaron que agujerearán la cerca, para poder disparar sus rifles por entre la piedras, sin dar blanco alguno al enemigo.

A pocos minutos llegaron el general Eulogio Ortiz y El general Arenas, quienes comandaban el ataque, con más de trescientos soldados de línea, y casi 200 reclutas agraristas de la región, todos ellos muy bien equipados y hambrientos de alzarse con el triunfo. Atacaron por el poniente, el único lugar posible, al avanzar por entre el tupido zacatón se encontraron con la cerca, de la que surgió una descarga cerrada, que ocasiono tremendos estragos entre sus filas, y los puso en retirada. Arenas Logró reorganizar a su ejercito en una hondonada y por dos veces más intento tomar por asalto la posición, con pésimos resultados. Y gran número de bajas. Después intentó una estrategia diferente, regresando con los soldados pecho a tierra.

Al iniciar el ataque el general Sánchez con uno de sus compañeros, el joven Candelario Robles, subió a la azotea de la casa y a pie firme estuvo haciendo fuego sobre el enemigo, que a corta distancia presentaba un blanco inmejorable para un buen tirador como el. Con su máuser causo estragos entre los enemigos, derribando jinetes y caballos. En tanto que a lo largo de la línea defensiva de la cerca, los muchachos estuvieron repeliendo los audaces ataques de los callistas que llegaron a tumbaron algunas piedras de la cerca, antes de que pudieran ser derribados.

En un momento en que la balacera ceso, los cristeros no pudieron distinguir un solo soldado, sin embargo una parte de la caballada permaneció visible, y el general Quintanar ordenó a sus hombres tirarles a los cuacos, matando muchos de ellos. Mientras los cristeros se daban gusto dando blanco en la caballada, los guachos sigilosos habían reptado entre los surcos y el zacate hasta muy cerca del lienzo. Los descubrieron por el movimiento del zacatal y de inmediato les dejaron ir otra balacera a rumbo, matando a muchos soldados. En tanto que los atacantes fueron incapaces de herir a los cristeros bien pertrechados tras el cerco.

El General Sánchez que estando asomado en la azotea de su casa se sentía inquieto, se desfajaba la pistola y se la volvía a fajar hasta que por fin le ordenó a su acompañante que montara porque irían a visitar la línea de fuego. Candelario protestó por el inminente peligro, pero don Herminio no le hizo caso y salió a descampado a prestar auxilio a sus soldados.

El Estado Mayor del ejercito que descansaba a la sombra de unos árboles, pronto divisaron la figura de un charro que montado en brioso corcel recorría infatigable las posiciones de los cristeros. Les llamó la atención la valentía del charro, que desafiaba la muerte alentando a sus hombres. Uno de los agraristas que estaba junto con el General Ortiz, le confirmo que el osado jinete era el mismo don Herminio Sánchez, general en jefe de los alzados. El general Ortiz ofreció el grado de Coronel al oficial que logrará tumbar al jefe enemigo.

Un subteniente de apellido Castro, acepto el reto y solicitó que se le apoyara distrayendo al enemigo desde un grupo de magueyes cercano a la líneas enemigas. El comisionado para realizar esa función fue un agrarista de apellido Huízar. En tanto que un buen número de soldados concentraba el fuego sobre un punto diferente de la línea para distraer la atención, los dos hombres se acercaron arrastrándose con lentitud, hasta el punto elegido para el atentado. Finalmente el Sr. Huízar alcanzó el punto convenido y tras un montón de piedras comenzó hacer fuego sobre el enemigo llamando su atención, y haciendo posible que Castro se colocara en su posición. Minutos después apareció don Herminio sobre su caballo cercano al lugar donde acechaba Castro, y este último abrió fuego derribando al valiente jefe cristero. Los rebeldes al percatarse del francotirador dispararon sus fusiles dejándole muerto en el acto.

El General Sánchez entre los estertores de muerte alcanzo a decirles a sus fieles soldados que se acercaron a socorrerlo: “Ya me hirieron, pero no se rajen muchachos; que viva Cristo Rey y Santa María de Guadalu...” un borbotón de sangre ahogo sus ultimas palabras.

Muy pocos se dieron cuenta de la muerte del General Sánchez, los jefes prefirieron que no se enteraran para que no cundiera el desanimo entre los cristeros, el mismo General Quintanar se dedicó a auxiliar y visitar a los defensores, a muchos de los cuales se les comenzó a acabar el parque, y don Pedro Quintanar que recorría la línea de fuego, les pedía unos cuantos cartuchos a los que aún le quedaba mucho parque y los distribuía entre los que se les estaba acabando. Al mismo tiempo les daba ánimos, “No le aflojen, muchachos, al rato llega el parque”. Así los mantuvo durante las más de dos horas que aún duro el combate.

Viéndose derrotados los Generales Ortiz y Arenas, ordenaron la retirada. Al levantarse los federales dieron aún el blanco suficiente, para que los cristeros derrumbaran algunos más.

Al llegar a donde habían dejado la caballada, se encontraron con el reguero de caballos muertos y heridos, pero con aquellos que habían salido ilesos, se hicieron ajustar los guachos sobrevivientes para poder huir. Los cristeros salieron volados detrás de ellos, causándoles todavía algunas bajas. En la ranchería del Tulimic les dieron alcance todavía a algunos, y allí mataron al General Arenas que había sido derribado de su caballo. Le despojaron de sus pertenencias, la 45 y una maleta en la que llevaba su ropa y muchas fotografías de el y de su familia.

En la Batalla de las Atarjeas murió uno de los colotlenses más queridos y respetados de todos los tiempos, no solo en su pueblo, sino en toda la región, don Herminio Sánchez Sánchez, hombre de palabra, valor a toda prueba y fiel siervo y soldado de Dios, quien ofrendara su vida, por ver libre de toda opresión a su gente y credo.

TRADICIONES QUE NO MUEREN






M O L I N O
S O L A N O
Mi nombre es José Guadalupe Solano Domínguez, primo del famosísimo Domínguez Nosotros fuimos cinco de familia, y solo yo me dedico al oficio de molinero, que lo aprendí de mi padre, el se llamaba Luis Solano Vázquez, originario de Lagos de Moreno y que se dedico por algunos años a la arriería; el acarreaba principalmente carbón, y por cuestiones de la guerra de 1910 se quedo un tiempo aquí en Colotlán, después le gusto la región y se avecindó en Colotlán desde 1911, Por esas mismas fechas, y por la misma causa, la guerra, fue que mi mama, Maria Domínguez Acosta, y su hermano Esteban, se vinieron del Teúl a Colotlán, fue aquí donde se conocieron y se casaron mis padres, en el año de 1913.

Mi papá se trajo a loma de mula desde Guadalajara la primer maquina de vapor para el molino, esa maquina trabajaba con carbón. Era una maquina enorme, con varias calderas; el armatoste ocupaba el espacio de dos cuartos. El primer molino lo puso en la Calle Niños Héroes, donde es la casa de Luis Salazar, después le ayudo a mi tío Esteban a poner su propio molino.

Yo estudie la mayor parte de la primaria donde estaba el curato, que hoy es el mercado, y termine el ultimo año en el colegio, porque se cayo el edificio y como nos traían errantes: que en la prepa, que en San Nicolás, que donde vive Tito Martínez y aun poquito mas arriba. Así que dijo mi madre: -No, nomás andan pa arriba y pa abajo, mejor lo metemos al colegio. De tal manera que allí termine yo mi primaria, y tristemente también mi carrera escolar, y es que en ese tiempo comencé a trabajar.

Yo aprendí el oficio de molinero mas de fuerza que de ganas, porque mi papá murió en 1958, cuando yo tenia apenas 10 años de edad. En ese año se abrió la secundaria, pero en lugar de entrar a la escuela, me tuve que poner a trabajar, junto con mis hermanos -Nos toco mala suerte, y pos ya cual escuela, puro trabajar.

A mi ya no me toco trabajar con la primer maquina de carbón que compro mi padre, yo empecé con una maquina de petróleo y otra de gasolina. Tiempo después entro lo eléctrico, con la corriente que venia de la presa de Excame. Eso fue en 1960 y yo me modernice también y me compre un motorcito eléctrico. -Es el mismo que tengo todavía trabajando aquí en el molino. En aquel entonces se reparaban mucho los motores, porque la energía entraba muy mala y los descomponía, ahora ya casi nunca sucede eso. En aquellos tiempos toda la gente torteaba a mano, y también se molía maíz para los puercos, para los pinoles y las cajetas de membrillo, además de otros granos, como el sorgo, la cebada y el trigo. Yo tenia un molino especial para los granos y lo trabajaba en la otra tienda.

Cuando entraron las tortillerías todo empezó a cambiar, al principio no lo resentimos pero después si. La primer tortillería entro por allí por el año de 1964, la trajo don Antonio Flores y la instalo en el mercado viejo. Ellos al principio molían su maíz con nosotros, pero después compraron su molino y comenzó a disminuir la molienda. Cuando entraron los tractores con sus molinos, también se acabo parte del negocio. Antes la gente venia a moler sus pinoles y sus granos para hacer sus panes caseros. Pero en los años ochenta se acabo también eso.

Yo todavía muelo bastante nixtamal, sobre todo para la gente que le gusta hacer sus tortillas en casa. La principal clientela es la gente que todavía le tiene arraigo a esto, ya la generación nueva no. Por eso va bajando esto, la gente nueva no conoce de esto, de su proceso. Algunas familias han enseñado a sus hijos y siguen viniendo a moler su maíz, mucha gente viene todavía de Santiago, de Santa Maria, pero es sobre todo la gente que tiene su parcela y cada año guarda su maicito. Mucha gente del pueblo también lo compra en las tiendas, y vienen a molerlo aquí conmigo o al otro molino, de don Rubén. Hubo un tiempo en que hubo ocho molinos de nixtamal en el pueblo: estaba el de nosotros y el de mi tío Esteban Domínguez; don Daniel Meza tenia tres; En la esquina de San Nicolás había otro; en Zaragoza, un Sr. Carrillo puso el suyo. En la actualidad ya solo dos molinos muelen nixtamal; el mío y el de Rubén del Real, en tanto que el molino de mi primo Domínguez solo muele maíz y pinole.

Aquí nosotros distinguimos muy bien el maíz que es del pueblo y el que viene de otro lado. El maíz que nosotros cultivamos es un maíz rico en aceite, el que viene de otro lado, no tiene tanto aceite, es mas bien seco. Por ello las tortillas que se producen con nuestro maíz son mucho mas ricas. Cuando mueles el otro maíz parece polvo, no quiere integrar la cal, y las tortillas quedan secas y masudas. Aquí con nosotros todo lo que es el alto produce un maíz excelente, se nota luego luego en las tortillas, son suavecitas, blanditas y con un sabor mas dulce.

Moler pinole era una tradición importante de nuestro negocio, pero desde los ochentas esa costumbre se perdió, ahora quienes encargan pinoles son la gente de los ranchos y los ricos de Colotlán, lo mismo que la cajeta de membrillo. Antes teníamos muy buenas huertas de membrillo, grande y con mucho sabor. Desafortunadamente las huertas de aquí de Colotlán ya se acabaron y de donde viene ahora el membrillo bueno es de Santa Maria y del Refugio. También saben traer un membrillo de Guadalajara, pero ese no sirve, es muy grande y no tiene sabor. Para una cajeta buena, no hay como el membrillo de aquí.

El pinole es un producto muy alimenticio, muy bueno. Según como lo hagan, aquí nosotros lo hacemos con maíz colorado (tostado), habas, garbanzo, arroz, canela, azúcar, cacahuate, chocolate y anís. Mi papá decía: -¡Para que las mamas críen a sus criaturas no hay como comer pinole¡ Los arrieros por eso cargaban su bolsa de pinole, su carne seca y su leche en guajes. con eso era suficiente para aguantar las largas jornadas de camino. El pinole da mucha energía y todavía hay mucha gente que manda hacer su pinole y para esto hay personas que tiene muy buen sazón para hacerlo y se dedican a eso. Por ejemplo hay una señora de aquí de Santa María que a cada rato me trae a moler de 50 a 60 kilos de pinole, de pura gente que le hace sus encargos.

En el tiempo en que todavía teníamos huertas, en las épocas de cosecha, molíamos mucho, yo empezaba a las cinco de la mañana y hasta después de la tres de la tarde todavía estábamos trabajando. En aquel entonces había mucha fruta, y se venían los señores de aquí de Chihuahua a venderla. La jícama, la naranja, el durazno, el quiote, la caña criolla y muchas otras.

En la actualidad el negocio no da para hacerse uno rico, pero si me da para comer, eso si. Mi única preocupación es que mis hijos no quieren aprender el oficio, y eso es lo que me da pendiente.




Una de las clientas del molino viene casi cada tercer día desde Santa Maria a moler su maíz con el señor Solano. Ella dice que las tortillas son mas buenas con el maíz que siembra en su parcela. Ella aprendió con su abuelita todas las tareas domésticas: hacer salsa en el molcajete, tortillas a mano, moler en el metate, hacer pinoles para los atoles. Y ella misma dice :- “Mis hijas no siguen la tradición, pero si se comen muy bien mi comida” Ellas dicen que eso es para gente de antes, que no es para la gente moderna, que para eso ya hay licuadoras, tortillerías y muchos adelantos mas.

Uno de los problemas que encontraron los primeros molineros de nixtamal, fue que la masa salía negra y con sabor a fierro, así que retomaron el principio del metate y les construyeron las muelas de piedra volcánica.

Los molinos de trigo, que había en Colotlán en los años cuarenta, usaba unas piedras muy grandes, de casi un metro de circunferencia, funcionaba con un motor diesel y unas bandas grandísimas. Todo por dentro era de madera. Antes de Colotlán salía la harina, y se sembraba todo el plan de Santiago y se vendía en la región y Zacatecas.


TRADICIONES QUE NO MUEREN






El Pan de Chiquigüite, una tradición que no muere.

Mauricio Saldaña es un hombre moreno, de mediana estatura y semblante serio; su voz firme y amable nos invita a pasar hasta su meza de trabajo, lugar en donde afanoso mueve sus manos en un rápido ir y venir de círculos y movimientos cortos; febril actividad que va dando como resultado largas hileras de redondos y suaves cuerpos; blancas bolas de masa que en el calor de la habitación comienzan a esponjarse suavemente, arrellanándose las unas sobre las otras y amenazando las más temerarias de ellas en descolgarse hasta el piso desde la mesa de madera.

Mauricio recuerda que fueron unas señoras que vivían en el barrio de Chihuahua, quienes enseñaron a sus padres a elaborar la amplia variedad de pan que ellos venden; estas señoras colocaban sus productos en grandes canastas de carrizo, popularmente conocidos como chiquihuites, y los cubrían con hojas de jarilla, para llevarlos a su venta en el mercado. De allí proviene el popular nombre de pan de chiquigüite, que es tambièn identificado como pan de pulque, por haberse utilizado originalmente este ingrediente en su confección. Mauricio señala que por el tiempo en que sus padres aprendieron el oficio de panaderos, muy poca gente elaboraba esta clase de pan, siendo mucho más popular el pan elaborado con harina, huevo, azúcar, levadura y colorantes.

Actualmente son muy pocas las personas que producen y venden el pan de Santa María, -otro de los nombres con el que tambièn se le conoce y que corresponde al municipio más cercano de Colotlàn, y lugar donde durante mucho tiempo tambièn se hacia este pan-. Aún cuando son muchos los tíos y tías, primos y primas, que saben como elaborarlo, son sólo tres hermanos de Mauricio y unos pocos primos quienes mantienen viva esta tradición. Ellos se turnan durante la semana para que sus clientes encuentren cada mañana en el mercado municipal, el fresco y suave pan de chiquigüite, cocinado con harina de trigo o salvado, además de las deliciosas gorditas de cuajada, de maíz crudo, de chile rojo, las panochas, los huesitos, los condoches o contamales y otros muchos productos. El pan siempre fresco, tostadito y esponjado, es parte de la costumbre de la gente de Colotlàn y de la exigencia de calidad de los mismos panaderos. Hoy en día tambièn pueden encontrar este delicioso producto en muchas de las tiendas de abarrotes de nuestra ciudad, gracias al intenso proceso de comercialización que esta familia realiza.

Mauricio ha vivido toda su vida entre el delicioso olor del pan recién hecho y el dulce sabor del pinole y el ponteduro; las tradiciones más antiguas de nuestro poblado no le son extrañas, el es ferviente devoto de los santos patronos San Luis Obispo y San Nicolás, y en algún momento de su vida, formó parte del grupo de danzantes que en cada festejo religioso del poblado sigue alegrando a propios y extraños, con sus danzas y música. El tiene entre 17 y 18 años elaborando por su cuenta este pan artesanal. El ha construido con sus propias manos el horno redondo en donde se cocee este. Así como en no pocas ocasiones ha tenido que salir a conseguir la leña, para hornear su pan. Afortunadamente, la mayoría de las materias primas que requiere para su proceso de producción, le son vendidas hoy, directamente en su domicilio: entre ellas la leña, la harina de trigo y salvado.

En época de calor su horario de trabajo comienza de madrugada y en la época de frío ya entrada la mañana, esto porque el proceso de fabricación del pan es muy celoso y requiere de determinadas condiciones de humedad y temperatura. La habitación en que se amasa y prepara el pan debe mantener una cierta temperatura ambiente, por ello en la época de invierno, en muchas ocasiones es necesario prender un pequeño brasero para que mantenga la temperatura adecuada y el pan se pueda esponjar, así como en el verano es necesario ganarle tiempo al calor del día, para que el proceso de fermentación de la masa no lo eche a perder.

Mauricio gusta de trabajar de forma independiente, por su si mismo amasa toda la harina, llegando a ser un bulto completo de 44 kilos. Por parte de tarde y de noche, y a veces durante el día hornea su pan, labor en la que recibe la ayuda de su esposa e hijas. La gente que transita por el rumbo de Lomas de la Cruz, colonia en la que vive, disfruta del dulce e inconfundible olor del pan recién hecho, y son muy pocos los que se resisten a pasar por su negocio, sin comprar por lo menos un pan calientito y sabroso. Ni que decir que para sus vecinos, el pan de chiquigüite, es el pan de nuestro de cada día.

Mauricio acepta que su oficio es bastante pesado, sobre todo por la batida de la masa, y reconoce el gran mérito de su madre y otras mujeres que realizaron este pesado trabajo durante décadas. El ha intentado comprar una máquina batidora que le alivie lo difícil del trabajo, sin embargo hasta el día de hoy no le ha sido posible realizar su propósito. El mismo señala, que anteriormente sus padres y tías confeccionaban otros productos tradicionales tales como el pinole, el ponteduro, el esquite y otros dulces y comidas, sin embargo hoy las necesidades del mercado exigen la especialización en unos pocos productos, de amplia aceptación.

La clientela principal del pan de chiquigüite y otros panes elaborados por la familia Saldaña, son los colotlenses que habitan en el municipio, sin embargo todos los paisanos que vienen del norte, cuando nos visitan, inevitablemente cargan con su caja repleta de pan de chiquigüite, y hasta han desarrollado ciertas técnicas para que se conserve en buen estado, no solo durante el traslado, sino tambièn en el sitio de destino. Ellos colocan una sabana sobre el pan, lo cual le ayuda a conservar su humedad y evitar que se eche a perder pronto. Las gorditas de cuajada que son más delicadas, se colocan al interior de un hielera, sobre una capa de hielo recubierta por una frazada, que mantiene la temperatura estable del pan, evitando que se descomponga durante el viaje de horas o días.

En los días precedentes y posteriores a la fiesta del Sr. De los Rayos, cuando pasan una gran cantidad de peregrinos por esta ciudad, uno de los puntos obligados de su visita, es el mercado municipal de Colotlàn, y en especial, los pasillos del mismo, en donde se ubican los vendedores del pan de chiquigüite, de gorditas de maíz crudo y cuajada, de contamales etc. Dichos viajeros además de llevarse su copiosa bolsa de pan, tambièn nos dejan la curiosa noticia de que a nuestro pan de chiquigüite, en Saltillo, Torreón o Fresnillo, se le conoce con sugestivos nombres tales como pan de mujer y muchos otros.

El origen exacto donde nace este pan, la desconoce Mauricio y sus familiares, sin embargo nosotros arriesgando equivocarnos, se lo atribuimos a los valerosos tlaxcaltecas, que un día vinieron a colonizar esta región. No solo por la aparente simplicidad de su proceso de elaboración, y las materias primas utilizadas en el mismo, sino tambièn por ser elemento coincidente con la cultura culinaria de otras poblaciones formadas por los mismos expedicionarios, en el norte de la republica mexicana.