La Sedición del Indio Mariano







En el año de 1801 el indio colotleco Juan Hilario Rubio convocó a los pueblos indígenas nayaritas y jaliscienses a prepararse para recibir a Mariano, “el Rey Indio que faltaba de los que fueron a Belén a adorar a Dios”

Estas fueron algunas de las cartas distribuidas de pueblo en pueblo que invitaban a los indígenas a la sedición y que lograron movilizar una gran cantidad de pueblos indígenas del norte y occidente de México y de los cuales algunos involucrados fueron brutalmente reprimidos por las autoridades españolas.

¨Hago saber a todos los gobernadores, alcaldes y cuántos pueblos hay en las Indias que habiendo sido nuestro señor todopoderoso servido el sacarme de aquellos trabajos que Dios ha servido y sólo aclamado a su divina majestad, parece me ha concedido en ponerme en tierra de salvamento, aunque si con bastante peligro y aclamando al cielo divino del que llegue el día de Reyes, que es cuando necesito de la congregación de todos mis pueblos a recibirme, que ha de ser con la mayor prontitud que se pueda dos días antes de Reyes, sin excusa alguna, vengan a conocer a su Rey".

Noticia a todos los gobernadores o alcaldes de todos los pueblos de indios de este reino de Indias, que para la entrada en el pueblo de Tepic os esperara el día 5 de enero del mes primero de este año de uno a orillas de Tepic a la parte del poniente en donde llaman Las Higueras de lo de Lamedo, sin ninguna excusa, con citación de todos los indios viejos y mozos para la compañía de mi entrada a Tepic , que soy el rey de Indias el día de Reyes, pues aunque sean soldados como no sean gachupines. (Es) pero respuesta con el enviado, firmado por el escribano para dicha entrada a Tepic. Y también su bandera blanca con las armas que sean, lanzas, flechas, cortantes, hondas, palos o piedras. También encargo con el mayor sigilo y silencio sin que el alcalde mayor lo sepa y ningún vecino de Tepic lo sientan, se me hagan presente en la parte que los cito. Pasa ésta a otro pueblo.

Al menos desde enero de 1800 de decía y comentaba públicamente en Colotlán que el “Rey de la máscara de oro” se hallaba en Durango; un indio de Zapotlan declaró que desde hacía tres años se comentaba que “el tlaxcalteco” había de ser rey; a mediados de 1800 unos indios de Guaynamota dijeron que en Tepic “ habían estado dos indios con petos y cacles de oro” y “que había de coronarse el tlaxcalteco que había ido a España y que el rey nuestro señor le puso tres coronas delante, una de España, otra de Perú y la otra de este reino, la cual le regalaba si le conocía; que de facto habiéndolo conocido se la regalo”; otro testigo declaró que el dicho de la coronación del tlaxcalteco existía al menos desde hacía 30 años.
El indio Francisco Sainz fue acusado de haber dicho en conversación con otro indígena que un rey “antiguo de su nación”, “ de cuando eran herejes”, “que era santo”, que “había huido por mar o por tierra, que se aparecía a los indios y no a los españoles”, “que el rey indio estaba coronado, que entraría y entraría, que como no lo había aprehendido cuando anduvo con la máscara de oro, por que el tenían miedo, porque era el mismo; que nuestro rey ( el de España) había ganado aquello a traición”.

El 3 de enero de 1801 se descubrió la sublevación para coronar al indio Mariano, el líder indígena insurrecto, el monarca de la máscara de oro, que era el dueño de las Indias, que andaba según se decía con mil disfraces visitando su tierra, solicitando la anuencia y socorro de todos los indios para recobrar sus tierras. Quien era el hijo del gobernador de Tlaxcala, ya difunto; y que en vida se había mantenido con cacles de oro y la grandeza correspondiente, y en ese tiempo había ido el tal Mariano a España y hablado con el rey nuestro señor, diciéndole que iba a que le pagasen la renta de sus tierras, su majestad dio seis pasos atrás dejándolo afuera; y con esto se retiró luego dicho Mariano y se vino huido para este reino. Y que le reverendo obispo había de ir al tiempo de su coronación.

En esos días del mes de enero de 1801, se registró un intenso movimiento de grupos indígenas armados de diferentes orígenes, se habló: de coras, huicholes, tepehuanes, yaquis, yumas, nayaritas; contra los cuales el gobierno virreinal organizo la defensa en Tepic, armando a los vecinos y trasladando a Tepic los cuerpos milicianos de Sentispac, Compostela, Acaponeta, Sandovales y Paramita, la infanteria veterana, marineros y artilleros de San Blas, el Batallón de Milicias de Guadalajara y el cuerpo de dragones de Nueva Galicia, en total se reunieron 762 hombres con ocho piezas de artillería de diverso calibre. Con estas tropas el capitán de fragata Francisco Eliza se sintió lo bastante seguro como para tomar la iniciativa y confrontar a los rebeldes. Se libraron algunas escaramuzas y se aprehendieron a un número considerable de los insurrectos, casi trescientos reos de los cuales en 1806 aún quedaba una docena de ellos en la cárcel de Jalapa.

Aún cuando se realizaron exhaustivas averiguaciones por todo el país para dar con el paradero del Indio Mariano, este nunca fue aprehendido. Y el gobernador de Colotlán informó que los hijos del gobernador indígena del barrio de Tlaxcala no llevaban ese nombre y eran sujetos fieles. Sin embargo Mariano se resistió a desaparecer por mucho tiempo; así en noviembre de 1810 unos indios, muchachos presos en las Cruces, informaron que quien había dado la orden de seguir al cura Hidalgo, de matar al virrey y a todos los gachupines para repartir sus bienes entre los pobres, era su Majestad el rey de España. Andaba de incógnito, en una caleza negra que seguía al padre Hidalgo. Era el Rey de la máscara de Oro.

Estos son los hechos de la primera insurrección indígena del siglo xix, antecedente de la guerra de Independencia y en la cual se percibe el descontento de la población indígena mexicana, que busca a todas luces un cambio en sus condiciones de vida, con la coronación de un rey de su misma raza. Dicho rey, hijo supuesto del gobernador de la Nueva Tlaxcala del barrio de Colotlán, fincaba su legitimidad en su nacimiento, en su pertenencia a la nobleza indígena de la región, de los que habían sido aliados de los españoles en la conquista y la colonización, y que en virtud de sus servicios habían obtenido envidiadas exenciones y privilegios y de los cuales somos nosotros sus herederos, aun sin saberlo o tomarlo mucho en cuenta.

A poco más dos siglos de la insurrección del Indio Mariano, aún quedan muchas dudas por despejar de un movimiento social que ha sido disminuido y olvidado, pero que a nosotros como colotlecos nos debería interesar el recuperarlo y partiendo de allí reconocer nuestro origen y fundamentar nuestra identidad histórica. La que se ha venido diluyendo con la apatía generalizada de pueblos y gobernantes, que no tienen un sueño y un destino común de grandeza que los hagan sobresalir y buscar mejorar las condiciones de vida de su pueblo.

Mucho se ha dicho, y los mismos encargados de llevar al cabo el juicio de los sediciosos, concluyeron la inexistencia del Indio Mariano, y atribuyeron su creación a la actividad sediciosa y alborotadora del indio Juan Hilario Rubio, tachado de traidor e infame. Pero los elementos de legitimidad que dieron lugar al levantamiento siguen existiendo, y es aún mayormente halagador que sea Colotlán el sitio de origen desde el cual se reivindiquen estas demandas con o sin Mariano. Si hubiese existido el dicho Mariano o algún otro que hubiese asumido el movimiento quizás viviríamos en un mejor mundo.

Quizás las lecciones de la historia sea de lo más difícil de asimilar y de sacarles provecho, pero deberíamos intentarlo a la vez que conocemos nuestra propia historia regional, tan oscurecida y enrarecida por la historia oficial de nuestros libros de texto.


Bibliografía

A la voz del Rey, Jean Meyer. Edit. Cal y Arena. 1989

La rebelión del Indio Mariano (Nayarit, 1801) Felipe Castro Gutiérrez. Estudios de Historia Novohispana. U.N.A.M. 1991

Don Herminio Sánchez Sánchez







El resonar disparejo de los cascos de los caballos sobre el empedrado, a plena medianoche, anuncian la llegada inesperada de un pelotón de gente a caballo, despertando a aquellos moradores del pueblo, con el sueño más ligero. La figura difusa de un jinete se recorta a trasluz en la parte más alta de la calle independencia, la luz opalina de la luna le pega de lleno sobre las espaldas, proyectando una sombra larga y espesa. Es un hombre de sombrero charro, camisa de manga larga, botines con espuela de plata y rodaja, carrillera cruzada, y carabina 30-30, atravesada sobre la silla. Monta un caballo negro, con una estrella blanca en la frente, de gran alzada, patas largas y fuertes. Detrás de él, en columna de tres a fondo, le siguen un centenar de jinetes armados, que en silencio se deslizan bajo la protección de la noche. Parecieran no querer turbar el sueño de los colotlenses, quienes en el interior de las casas y con las lámparas de querosén apagadas, atisban cuidadosos el singular desfile, por entre las ventanas entreabiertas y los huecos en la madera de las puertas. Los murmullos y voces apagados en la oscuridad resuenan de casa en casa, mezclando con miedo y recelo el nombre de los desvelados fantasmas de la noche. -son los cristeros y a la cabeza viene don Herminio Sánchez, se oye decir por doquier. 17 de diciembre de 1926.

Don Herminio Sánchez, es un hombre bien parecido, alto de cuerpo y fornida complexión física; en la plenitud de sus cuarenta años de edad, con la sonrisa a flor de boca. Ojos de un verde-azul deslumbrante, y la magnética personalidad del que sabe mandar y gusta de ser obedecido. Su aspecto es serio, pero el aire de simpatía que despierta su persona es suficiente para ganar la confianza de los hombres y la admiración de las mujeres. Don Herminio Sánchez es un hombre cabal, de una sola pieza y palabra. Eso se mira a leguas y es por ello que se tiene bien ganada la confianza y buena voluntad de sus conciudadanos. Es valiente como pocos, y decidido como ninguno.

Don Herminio Sánchez Sánchez, nació en el año de 1886 en Colotlán, Jalisco. Hijo legitimo de don Loreto Sánchez y Sánchez y de doña Soledad Sánchez Valenzuela, próspero y sólido matrimonio, de amplia aceptación social en la ciudad y propietarios de varios ranchos en la región. Los primeros años de vida de Herminio tendrán lugar entre las reuniones sociales de la clase acomodada del porfiriato y las faenas propias de la labor del rancho. Tendrá la oportunidad de asistir a la primaria, prepararse en la fe católica y forjar su carácter y vigor físico, en las rudas labores del campo. De espíritu inquieto y aventurero, se convertirá en el líder indiscutible de su grupo de amigos y más tarde, amplios contingentes de hombres armados.


El 15 de febrero de 1912, a un año de iniciado el conflicto armado, contraerá nupcias con la Srita. Hermelinda Campos Ortega, situación que lo mantendrá alejado de participar en una revolución mexicana, cuyas principales reivindicaciones carecerán de pertinencia para un región conformada en su mayor parte, de ranchos agroganaderos y unas pocas haciendas. Para los habitantes de Colotlán, en su mayoría propietarios de ranchos la revolución mexicana y las reivindicaciones zapatistas de la lucha por la tierra, no tendrá mucho sentido, por lo que se mantendrán en cierta forma indiferentes al conflicto.
De 1912 a 1919, periodo en que se registran los enfrentamientos más fuertes de la Revolución Mexicana, el Sr. Herminio Sánchez Sánchez se dedicara casi por completo a su familia y a procurarles el sustento, en una época de grandes carencias y peligros. Herminio y su esposa Hermelinda darán vida a cinco hijos, tres mujercitas y dos varones: Clementina, Guadalupe Elena, Soledad, Ma. Guadalupe, Antonio y Herminio Sánchez Campos.

En el año de 1924, El Sr. Herminio Sánchez Sánchez, de acuerdo con el Gral. De Santiago, que operaba en Veracruz apoyo el movimiento que promovía la candidatura del Gral. Adolfo de la Huerta. El pronunciamiento fue secundado por el Gral. Guadalupe Sánchez en Veracruz. El Sr. Sánchez quien era un líder nato y gran organizador, pronto logró reunir más de 1000 hombres con los que amenazó Zacatecas, a fines de enero de 1924, ya había puesto sitio a la ciudad, cuando supo que Adolfo de la Huerta, jefe supremo del movimiento, había huido al extranjero y que sus partidarios habían sido vencidos en Ocotlán, Jalisco, y en la Esperanza, Veracruz, había sido fusilado el Gral. De Santiago. Sánchez se volvió a la Colotlán, y la mayor parte de sus subordinados volvieron a su hogares.

Para el año de 1926, en que se inició el conflicto cristero, era ampliamente conocida la fama de valiente y hombre cabal de don Herminio Sánchez Sánchez. La revolución mexicana, con su reparto indistinto e injustificado de tierras, amenazaba con acarrear grandes injusticias sobre muchas de las familias acomodadas de Colotlán. Gentes de campo y de empresas como Herminio Sánchez, quienes habían formado un pequeño patrimonio sobre la base del trabajo duro y constante, ahora se veían expuestos a perder sus tierras, a manos de una partida de revoltosos, muchos de los cuales no eran de este lugar, y aún menos campesinos. A esa ominosa situación se sumo la amenaza del gobierno de Calles en contra del culto católico de los mexicanos, y fue entonces cuando invitado por algunos seglares residentes en Guadalajara y otros puntos del país, se decidió a participar en la guerra cristera.

El 28 de noviembre de 1926, en el corral de la casa de Teofilo Jara en la ciudad de Totatiche, se encontraban reunidos muchos hombres, con sus caballos ensillados y con la premura de los últimos detalles de un levantamiento armado. El ir y venir de hombres, previniendo la cobija, las gordas, un poco de dinero y sobre todo revisando los cerrojos, las pistolas y el parque. Entonces Don Herminio Sánchez tomo la palabra:

“Señores, ¿Están dispuestos, como quedamos, a levantar las armas en defensa de nuestra santa religión?. Todos en voz alta contestaron “Si”. Don Herminio prosiguió: “El que no quiera por miedo u otros motivos, ahorita es tiempo”. De nuevo todos en voz alta volvieron a contestar “Si, estamos dispuestos”

Don Herminio armó su gente y salieron después de la pregunta que les hizo. Pero antes de ello, les entrego una carga de parque y una arma a los que no la llevaban. Montaron a caballo y salieron rumbo a la plaza, y le dieron una vuelta. Luego se pararon frente a la presidencia municipal, Don Herminio Sánchez, al frente de sus hombres, montado en su caballo, levantando su sombrero en alto, los arengo diciendo. “Viva Cristo Rey y Viva la Virgen de Guadalupe”. De esta manera se lanzó a la lucha armada; dispararon unos balazos y luego quebraron la puerta de la delegación, sacaron dos talegas de pesos y salieron de Totatiche ya enemigos del gobierno, rumbo a Tlaltenango, Zacatecas. Había nacido el movimiento cristero.

La primera flor que produjo la planta de la revolución cristera fue la Hacienda de Villalobos, (municipio de Tlaltenango). Antes de que amaneciera cayeron sobre la hacienda, había tres soldados militares cuidando los caballos. Mataron a uno, otros se les fue y el tercero se les escondió y no pudieron hallarlo. Se trajeron 30 caballos, un cerrojo con todo y cananas bien llenas de parque y al tercer día amanecieron en Villa Guerrero. Allí empezaron a engrosar la filas rebeldes con algunos señores que se dieron de alta. Para principios de diciembre entre los hombres de Totatiche, Temastian, Villa Guerrero y Bolaños, se contaban cerca de 200 hombres armados, unos con cerrojo siete milímetros de caballería e infantería, carabinas 30-30 y 44. al principio se les decía “voluntarios”; después “rebeldes” y finalmente “cristeros”.

Sucedió que el día 5 de diciembre de 1926, día domingo tuvieron noticias de que el General Arenas venía a Colotlán a hacer la primera visita a los cristeros. Se juntaron todos los combatientes cristeros en la sierrita de los Cardos que esta en medio de Villa Guerrero y Temastian, eran alrededor de 150, y allí esperaron todo la mañana la llegada del General Arenas con los soldados federales. Alrededor de las tres de la tarde se empezaron a oír los primeros disparos. El general Sánchez había colocado a su soldados en el lado norte de la cañada, afortinados tras una cerca; así que al dar blanco la federación, los cristeros soltaron el fuego haciendo huir al ejercito enemigo. Los cristeros abandonaron sus puestos y persiguieron a los federales que se les perdieron entre el monte, logrando matar uno y capturar otro. El monte de roble y manzanillo ayudo mucho a los federales en su huida. De resultas de esta persecución murieron cuatro cristeros y algunos sardos más. Este fue el primer tiroteo de los cristeros de la región con los federales
Estando reunidos en Villa Guerrero, Jal. Nemesio López y su hermano Jesús , quisieron desconocer a don Herminio como jefe y nombrar a don Pedro Quintanar, Jefe General de todas las fuerzas. Sin embargo don Herminio no perdió el aplomo, y reconociendo las marrullerías de los dos descontentos, les hablo de frente y claro delante de la gente diciéndoles:

“Si yo he sido jefe, es porque nadie más lo es, y esto, tiene que tener un jefe para que pueda hacer algo y no venga la anarquía. Si no son útiles mis servicios y mi presencia no es objeto de unidad y concordia, desde hoy dejo de ser jefe y sigo trabajando como el último soldado. Yo vengo a trabajar por el triunfo de la causa y no por motivo de lucro, porque esto podía lograrlo más y mejor en mi propia casa. Si mis servicios son aceptados, yo, pues sigo trabajando como el último soldado, pero si de soldado llegó a sargento, los hombres que trabajen a mis órdenes se tendrán que sujetar a las disciplina y al orden por la buena o a la mala.”


Como por encanto los descontentos quedaron desarmados y muy satisfechos de colaborar con don Herminio, tan agradecidos quedaron, que Jesús no tardo mucho en cambiarse a la filas callistas, en la búsqueda de hacer más fácilmente fortuna. En tanto, que Nemesio haciéndose pasar por enviado de Sánchez, se dedico a juntar dinero para “la causa”, entre los ricos de la región, con un nombramiento falso, que ostentaba la firma fraudulenta de don Herminio.

A mediados de diciembre de 1926 llegó a Villa Guerrero el General Pedro Quintanar del lado norte de Valparaíso, Zac. Con unos 150 hombres armados. Fue bien recibido y admirado por todos los pacíficos del pueblo y los cristeros de Villa Guerrero. Quintanar se entrevisto con don Herminio Sánchez, jefe de los rebeldes de este rumbo. Juntos los dos generales planearon los pormenores de la campaña, en tanto que mandaban emisarios por toda la región, en la búsqueda de hombres que se decidieran unir a la causa y de apoyos en armas, parque, dinero e incluso alimentos para los hombres y las bestias.

Estando Quintanar en este lugar, regreso el general Arenas, con unos cincuenta soldados y los voluntarios a las ordenes de Quintanar, los esperaron de este lado de Temastian. Ahí acomodaron su gente por toda la ceja, afortinados detrás de una cerca esperaron al enemigo, que al poco tiempo apareció, siendo como las 10 de la mañana. Fue entonces cuando los cristeros les soltaron el fuego macicito, que duro muy poco rato. Arenas al ver la emboscada, hizo la retirada, no queriendo hacer frente a los cristeros. Los cristeros le persiguieron, pero con precaución, hasta que se les perdió por entre el monte.
Los generales don Pedro Quintanar y don Herminio Sánchez Sánchez decidieron juntar sus fuerzas para presentar batalla a los federales. El día 25 de diciembre bajaron las fuerzas cristeras al ranchito de Momax, sin encontrar resistencia y se siguieron de largo para atravesar del cañón de Colotlán al de Jalpa, la gente se amotino, aduciendo la peligrosidad de un terreno desconocido. Finalmente, se decidió continuar por todo el río rumbo a Colotlán, pero al llegar al punto donde se aparta el camino hacia Cartagena, un grupo de soldados callistas alcanzó al pelotón con una andanada de plomo y de inmediato los jefes ordenaron a los cristeros dirigirse al rancho de las Atarjeas, que era un rancho en el municipio de Totatiche, perteneciente a don Herminio
Sánchez. Este lugar es una mesa muy guarnecida para el combate, y propicio para repeler un ataque numeroso. Al norte hay un reliz muy alto; al sur esta un despeñadero y al norte, una barranca muy honda y trabuca. Al poniente es terreno de agostadero muy parejo y cubierto de zacatón. En este viento había un lienzo de piedra doble que corría de sur a norte, de ceja a ceja. El casco del rancho estaba ubicado al sur, sitio donde había un ojo de agua con atarjeas. Los federales los siguieron hasta la mesa de las Atarjeas, donde los cristeros ya habían tomado posiciones, y observando las dificultades de la empresa, mejor optaron por retirarse.

La mañana del 26 de diciembre de 1926, los jefes dispusieron que la gente tomara alimento en los ranchitos cercanos y otros en la misma casa de don Herminio. Cuando los vigías avistaron a los federales avanzando por el camino real que conduce a Totatiche. Los dos generales que ya habían organizado las estrategias para repeler el ataque, ordenaron que la caballada quedara ensillada en los corrales, lista para cualquier contingencia; que las ventanillas de la casa fueran tapadas y los soldados necesarios para la defensa fueran dispuestos. La demás gente la extendieron por el lienzo doble de sur a norte, a tres o cuatro metros unos de otros. Cada soldado hizo su fortín. Les ordenaron que agujerearán la cerca, para poder disparar sus rifles por entre la piedras, sin dar blanco alguno al enemigo.

A pocos minutos llegaron el general Eulogio Ortiz y El general Arenas, quienes comandaban el ataque, con más de trescientos soldados de línea, y casi 200 reclutas agraristas de la región, todos ellos muy bien equipados y hambrientos de alzarse con el triunfo. Atacaron por el poniente, el único lugar posible, al avanzar por entre el tupido zacatón se encontraron con la cerca, de la que surgió una descarga cerrada, que ocasiono tremendos estragos entre sus filas, y los puso en retirada. Arenas Logró reorganizar a su ejercito en una hondonada y por dos veces más intento tomar por asalto la posición, con pésimos resultados. Y gran número de bajas. Después intentó una estrategia diferente, regresando con los soldados pecho a tierra.

Al iniciar el ataque el general Sánchez con uno de sus compañeros, el joven Candelario Robles, subió a la azotea de la casa y a pie firme estuvo haciendo fuego sobre el enemigo, que a corta distancia presentaba un blanco inmejorable para un buen tirador como el. Con su máuser causo estragos entre los enemigos, derribando jinetes y caballos. En tanto que a lo largo de la línea defensiva de la cerca, los muchachos estuvieron repeliendo los audaces ataques de los callistas que llegaron a tumbaron algunas piedras de la cerca, antes de que pudieran ser derribados.

En un momento en que la balacera ceso, los cristeros no pudieron distinguir un solo soldado, sin embargo una parte de la caballada permaneció visible, y el general Quintanar ordenó a sus hombres tirarles a los cuacos, matando muchos de ellos. Mientras los cristeros se daban gusto dando blanco en la caballada, los guachos sigilosos habían reptado entre los surcos y el zacate hasta muy cerca del lienzo. Los descubrieron por el movimiento del zacatal y de inmediato les dejaron ir otra balacera a rumbo, matando a muchos soldados. En tanto que los atacantes fueron incapaces de herir a los cristeros bien pertrechados tras el cerco.

El General Sánchez que estando asomado en la azotea de su casa se sentía inquieto, se desfajaba la pistola y se la volvía a fajar hasta que por fin le ordenó a su acompañante que montara porque irían a visitar la línea de fuego. Candelario protestó por el inminente peligro, pero don Herminio no le hizo caso y salió a descampado a prestar auxilio a sus soldados.

El Estado Mayor del ejercito que descansaba a la sombra de unos árboles, pronto divisaron la figura de un charro que montado en brioso corcel recorría infatigable las posiciones de los cristeros. Les llamó la atención la valentía del charro, que desafiaba la muerte alentando a sus hombres. Uno de los agraristas que estaba junto con el General Ortiz, le confirmo que el osado jinete era el mismo don Herminio Sánchez, general en jefe de los alzados. El general Ortiz ofreció el grado de Coronel al oficial que logrará tumbar al jefe enemigo.

Un subteniente de apellido Castro, acepto el reto y solicitó que se le apoyara distrayendo al enemigo desde un grupo de magueyes cercano a la líneas enemigas. El comisionado para realizar esa función fue un agrarista de apellido Huízar. En tanto que un buen número de soldados concentraba el fuego sobre un punto diferente de la línea para distraer la atención, los dos hombres se acercaron arrastrándose con lentitud, hasta el punto elegido para el atentado. Finalmente el Sr. Huízar alcanzó el punto convenido y tras un montón de piedras comenzó hacer fuego sobre el enemigo llamando su atención, y haciendo posible que Castro se colocara en su posición. Minutos después apareció don Herminio sobre su caballo cercano al lugar donde acechaba Castro, y este último abrió fuego derribando al valiente jefe cristero. Los rebeldes al percatarse del francotirador dispararon sus fusiles dejándole muerto en el acto.

El General Sánchez entre los estertores de muerte alcanzo a decirles a sus fieles soldados que se acercaron a socorrerlo: “Ya me hirieron, pero no se rajen muchachos; que viva Cristo Rey y Santa María de Guadalu...” un borbotón de sangre ahogo sus ultimas palabras.

Muy pocos se dieron cuenta de la muerte del General Sánchez, los jefes prefirieron que no se enteraran para que no cundiera el desanimo entre los cristeros, el mismo General Quintanar se dedicó a auxiliar y visitar a los defensores, a muchos de los cuales se les comenzó a acabar el parque, y don Pedro Quintanar que recorría la línea de fuego, les pedía unos cuantos cartuchos a los que aún le quedaba mucho parque y los distribuía entre los que se les estaba acabando. Al mismo tiempo les daba ánimos, “No le aflojen, muchachos, al rato llega el parque”. Así los mantuvo durante las más de dos horas que aún duro el combate.

Viéndose derrotados los Generales Ortiz y Arenas, ordenaron la retirada. Al levantarse los federales dieron aún el blanco suficiente, para que los cristeros derrumbaran algunos más.

Al llegar a donde habían dejado la caballada, se encontraron con el reguero de caballos muertos y heridos, pero con aquellos que habían salido ilesos, se hicieron ajustar los guachos sobrevivientes para poder huir. Los cristeros salieron volados detrás de ellos, causándoles todavía algunas bajas. En la ranchería del Tulimic les dieron alcance todavía a algunos, y allí mataron al General Arenas que había sido derribado de su caballo. Le despojaron de sus pertenencias, la 45 y una maleta en la que llevaba su ropa y muchas fotografías de el y de su familia.

En la Batalla de las Atarjeas murió uno de los colotlenses más queridos y respetados de todos los tiempos, no solo en su pueblo, sino en toda la región, don Herminio Sánchez Sánchez, hombre de palabra, valor a toda prueba y fiel siervo y soldado de Dios, quien ofrendara su vida, por ver libre de toda opresión a su gente y credo.

TRADICIONES QUE NO MUEREN






M O L I N O
S O L A N O
Mi nombre es José Guadalupe Solano Domínguez, primo del famosísimo Domínguez Nosotros fuimos cinco de familia, y solo yo me dedico al oficio de molinero, que lo aprendí de mi padre, el se llamaba Luis Solano Vázquez, originario de Lagos de Moreno y que se dedico por algunos años a la arriería; el acarreaba principalmente carbón, y por cuestiones de la guerra de 1910 se quedo un tiempo aquí en Colotlán, después le gusto la región y se avecindó en Colotlán desde 1911, Por esas mismas fechas, y por la misma causa, la guerra, fue que mi mama, Maria Domínguez Acosta, y su hermano Esteban, se vinieron del Teúl a Colotlán, fue aquí donde se conocieron y se casaron mis padres, en el año de 1913.

Mi papá se trajo a loma de mula desde Guadalajara la primer maquina de vapor para el molino, esa maquina trabajaba con carbón. Era una maquina enorme, con varias calderas; el armatoste ocupaba el espacio de dos cuartos. El primer molino lo puso en la Calle Niños Héroes, donde es la casa de Luis Salazar, después le ayudo a mi tío Esteban a poner su propio molino.

Yo estudie la mayor parte de la primaria donde estaba el curato, que hoy es el mercado, y termine el ultimo año en el colegio, porque se cayo el edificio y como nos traían errantes: que en la prepa, que en San Nicolás, que donde vive Tito Martínez y aun poquito mas arriba. Así que dijo mi madre: -No, nomás andan pa arriba y pa abajo, mejor lo metemos al colegio. De tal manera que allí termine yo mi primaria, y tristemente también mi carrera escolar, y es que en ese tiempo comencé a trabajar.

Yo aprendí el oficio de molinero mas de fuerza que de ganas, porque mi papá murió en 1958, cuando yo tenia apenas 10 años de edad. En ese año se abrió la secundaria, pero en lugar de entrar a la escuela, me tuve que poner a trabajar, junto con mis hermanos -Nos toco mala suerte, y pos ya cual escuela, puro trabajar.

A mi ya no me toco trabajar con la primer maquina de carbón que compro mi padre, yo empecé con una maquina de petróleo y otra de gasolina. Tiempo después entro lo eléctrico, con la corriente que venia de la presa de Excame. Eso fue en 1960 y yo me modernice también y me compre un motorcito eléctrico. -Es el mismo que tengo todavía trabajando aquí en el molino. En aquel entonces se reparaban mucho los motores, porque la energía entraba muy mala y los descomponía, ahora ya casi nunca sucede eso. En aquellos tiempos toda la gente torteaba a mano, y también se molía maíz para los puercos, para los pinoles y las cajetas de membrillo, además de otros granos, como el sorgo, la cebada y el trigo. Yo tenia un molino especial para los granos y lo trabajaba en la otra tienda.

Cuando entraron las tortillerías todo empezó a cambiar, al principio no lo resentimos pero después si. La primer tortillería entro por allí por el año de 1964, la trajo don Antonio Flores y la instalo en el mercado viejo. Ellos al principio molían su maíz con nosotros, pero después compraron su molino y comenzó a disminuir la molienda. Cuando entraron los tractores con sus molinos, también se acabo parte del negocio. Antes la gente venia a moler sus pinoles y sus granos para hacer sus panes caseros. Pero en los años ochenta se acabo también eso.

Yo todavía muelo bastante nixtamal, sobre todo para la gente que le gusta hacer sus tortillas en casa. La principal clientela es la gente que todavía le tiene arraigo a esto, ya la generación nueva no. Por eso va bajando esto, la gente nueva no conoce de esto, de su proceso. Algunas familias han enseñado a sus hijos y siguen viniendo a moler su maíz, mucha gente viene todavía de Santiago, de Santa Maria, pero es sobre todo la gente que tiene su parcela y cada año guarda su maicito. Mucha gente del pueblo también lo compra en las tiendas, y vienen a molerlo aquí conmigo o al otro molino, de don Rubén. Hubo un tiempo en que hubo ocho molinos de nixtamal en el pueblo: estaba el de nosotros y el de mi tío Esteban Domínguez; don Daniel Meza tenia tres; En la esquina de San Nicolás había otro; en Zaragoza, un Sr. Carrillo puso el suyo. En la actualidad ya solo dos molinos muelen nixtamal; el mío y el de Rubén del Real, en tanto que el molino de mi primo Domínguez solo muele maíz y pinole.

Aquí nosotros distinguimos muy bien el maíz que es del pueblo y el que viene de otro lado. El maíz que nosotros cultivamos es un maíz rico en aceite, el que viene de otro lado, no tiene tanto aceite, es mas bien seco. Por ello las tortillas que se producen con nuestro maíz son mucho mas ricas. Cuando mueles el otro maíz parece polvo, no quiere integrar la cal, y las tortillas quedan secas y masudas. Aquí con nosotros todo lo que es el alto produce un maíz excelente, se nota luego luego en las tortillas, son suavecitas, blanditas y con un sabor mas dulce.

Moler pinole era una tradición importante de nuestro negocio, pero desde los ochentas esa costumbre se perdió, ahora quienes encargan pinoles son la gente de los ranchos y los ricos de Colotlán, lo mismo que la cajeta de membrillo. Antes teníamos muy buenas huertas de membrillo, grande y con mucho sabor. Desafortunadamente las huertas de aquí de Colotlán ya se acabaron y de donde viene ahora el membrillo bueno es de Santa Maria y del Refugio. También saben traer un membrillo de Guadalajara, pero ese no sirve, es muy grande y no tiene sabor. Para una cajeta buena, no hay como el membrillo de aquí.

El pinole es un producto muy alimenticio, muy bueno. Según como lo hagan, aquí nosotros lo hacemos con maíz colorado (tostado), habas, garbanzo, arroz, canela, azúcar, cacahuate, chocolate y anís. Mi papá decía: -¡Para que las mamas críen a sus criaturas no hay como comer pinole¡ Los arrieros por eso cargaban su bolsa de pinole, su carne seca y su leche en guajes. con eso era suficiente para aguantar las largas jornadas de camino. El pinole da mucha energía y todavía hay mucha gente que manda hacer su pinole y para esto hay personas que tiene muy buen sazón para hacerlo y se dedican a eso. Por ejemplo hay una señora de aquí de Santa María que a cada rato me trae a moler de 50 a 60 kilos de pinole, de pura gente que le hace sus encargos.

En el tiempo en que todavía teníamos huertas, en las épocas de cosecha, molíamos mucho, yo empezaba a las cinco de la mañana y hasta después de la tres de la tarde todavía estábamos trabajando. En aquel entonces había mucha fruta, y se venían los señores de aquí de Chihuahua a venderla. La jícama, la naranja, el durazno, el quiote, la caña criolla y muchas otras.

En la actualidad el negocio no da para hacerse uno rico, pero si me da para comer, eso si. Mi única preocupación es que mis hijos no quieren aprender el oficio, y eso es lo que me da pendiente.




Una de las clientas del molino viene casi cada tercer día desde Santa Maria a moler su maíz con el señor Solano. Ella dice que las tortillas son mas buenas con el maíz que siembra en su parcela. Ella aprendió con su abuelita todas las tareas domésticas: hacer salsa en el molcajete, tortillas a mano, moler en el metate, hacer pinoles para los atoles. Y ella misma dice :- “Mis hijas no siguen la tradición, pero si se comen muy bien mi comida” Ellas dicen que eso es para gente de antes, que no es para la gente moderna, que para eso ya hay licuadoras, tortillerías y muchos adelantos mas.

Uno de los problemas que encontraron los primeros molineros de nixtamal, fue que la masa salía negra y con sabor a fierro, así que retomaron el principio del metate y les construyeron las muelas de piedra volcánica.

Los molinos de trigo, que había en Colotlán en los años cuarenta, usaba unas piedras muy grandes, de casi un metro de circunferencia, funcionaba con un motor diesel y unas bandas grandísimas. Todo por dentro era de madera. Antes de Colotlán salía la harina, y se sembraba todo el plan de Santiago y se vendía en la región y Zacatecas.


TRADICIONES QUE NO MUEREN






El Pan de Chiquigüite, una tradición que no muere.

Mauricio Saldaña es un hombre moreno, de mediana estatura y semblante serio; su voz firme y amable nos invita a pasar hasta su meza de trabajo, lugar en donde afanoso mueve sus manos en un rápido ir y venir de círculos y movimientos cortos; febril actividad que va dando como resultado largas hileras de redondos y suaves cuerpos; blancas bolas de masa que en el calor de la habitación comienzan a esponjarse suavemente, arrellanándose las unas sobre las otras y amenazando las más temerarias de ellas en descolgarse hasta el piso desde la mesa de madera.

Mauricio recuerda que fueron unas señoras que vivían en el barrio de Chihuahua, quienes enseñaron a sus padres a elaborar la amplia variedad de pan que ellos venden; estas señoras colocaban sus productos en grandes canastas de carrizo, popularmente conocidos como chiquihuites, y los cubrían con hojas de jarilla, para llevarlos a su venta en el mercado. De allí proviene el popular nombre de pan de chiquigüite, que es tambièn identificado como pan de pulque, por haberse utilizado originalmente este ingrediente en su confección. Mauricio señala que por el tiempo en que sus padres aprendieron el oficio de panaderos, muy poca gente elaboraba esta clase de pan, siendo mucho más popular el pan elaborado con harina, huevo, azúcar, levadura y colorantes.

Actualmente son muy pocas las personas que producen y venden el pan de Santa María, -otro de los nombres con el que tambièn se le conoce y que corresponde al municipio más cercano de Colotlàn, y lugar donde durante mucho tiempo tambièn se hacia este pan-. Aún cuando son muchos los tíos y tías, primos y primas, que saben como elaborarlo, son sólo tres hermanos de Mauricio y unos pocos primos quienes mantienen viva esta tradición. Ellos se turnan durante la semana para que sus clientes encuentren cada mañana en el mercado municipal, el fresco y suave pan de chiquigüite, cocinado con harina de trigo o salvado, además de las deliciosas gorditas de cuajada, de maíz crudo, de chile rojo, las panochas, los huesitos, los condoches o contamales y otros muchos productos. El pan siempre fresco, tostadito y esponjado, es parte de la costumbre de la gente de Colotlàn y de la exigencia de calidad de los mismos panaderos. Hoy en día tambièn pueden encontrar este delicioso producto en muchas de las tiendas de abarrotes de nuestra ciudad, gracias al intenso proceso de comercialización que esta familia realiza.

Mauricio ha vivido toda su vida entre el delicioso olor del pan recién hecho y el dulce sabor del pinole y el ponteduro; las tradiciones más antiguas de nuestro poblado no le son extrañas, el es ferviente devoto de los santos patronos San Luis Obispo y San Nicolás, y en algún momento de su vida, formó parte del grupo de danzantes que en cada festejo religioso del poblado sigue alegrando a propios y extraños, con sus danzas y música. El tiene entre 17 y 18 años elaborando por su cuenta este pan artesanal. El ha construido con sus propias manos el horno redondo en donde se cocee este. Así como en no pocas ocasiones ha tenido que salir a conseguir la leña, para hornear su pan. Afortunadamente, la mayoría de las materias primas que requiere para su proceso de producción, le son vendidas hoy, directamente en su domicilio: entre ellas la leña, la harina de trigo y salvado.

En época de calor su horario de trabajo comienza de madrugada y en la época de frío ya entrada la mañana, esto porque el proceso de fabricación del pan es muy celoso y requiere de determinadas condiciones de humedad y temperatura. La habitación en que se amasa y prepara el pan debe mantener una cierta temperatura ambiente, por ello en la época de invierno, en muchas ocasiones es necesario prender un pequeño brasero para que mantenga la temperatura adecuada y el pan se pueda esponjar, así como en el verano es necesario ganarle tiempo al calor del día, para que el proceso de fermentación de la masa no lo eche a perder.

Mauricio gusta de trabajar de forma independiente, por su si mismo amasa toda la harina, llegando a ser un bulto completo de 44 kilos. Por parte de tarde y de noche, y a veces durante el día hornea su pan, labor en la que recibe la ayuda de su esposa e hijas. La gente que transita por el rumbo de Lomas de la Cruz, colonia en la que vive, disfruta del dulce e inconfundible olor del pan recién hecho, y son muy pocos los que se resisten a pasar por su negocio, sin comprar por lo menos un pan calientito y sabroso. Ni que decir que para sus vecinos, el pan de chiquigüite, es el pan de nuestro de cada día.

Mauricio acepta que su oficio es bastante pesado, sobre todo por la batida de la masa, y reconoce el gran mérito de su madre y otras mujeres que realizaron este pesado trabajo durante décadas. El ha intentado comprar una máquina batidora que le alivie lo difícil del trabajo, sin embargo hasta el día de hoy no le ha sido posible realizar su propósito. El mismo señala, que anteriormente sus padres y tías confeccionaban otros productos tradicionales tales como el pinole, el ponteduro, el esquite y otros dulces y comidas, sin embargo hoy las necesidades del mercado exigen la especialización en unos pocos productos, de amplia aceptación.

La clientela principal del pan de chiquigüite y otros panes elaborados por la familia Saldaña, son los colotlenses que habitan en el municipio, sin embargo todos los paisanos que vienen del norte, cuando nos visitan, inevitablemente cargan con su caja repleta de pan de chiquigüite, y hasta han desarrollado ciertas técnicas para que se conserve en buen estado, no solo durante el traslado, sino tambièn en el sitio de destino. Ellos colocan una sabana sobre el pan, lo cual le ayuda a conservar su humedad y evitar que se eche a perder pronto. Las gorditas de cuajada que son más delicadas, se colocan al interior de un hielera, sobre una capa de hielo recubierta por una frazada, que mantiene la temperatura estable del pan, evitando que se descomponga durante el viaje de horas o días.

En los días precedentes y posteriores a la fiesta del Sr. De los Rayos, cuando pasan una gran cantidad de peregrinos por esta ciudad, uno de los puntos obligados de su visita, es el mercado municipal de Colotlàn, y en especial, los pasillos del mismo, en donde se ubican los vendedores del pan de chiquigüite, de gorditas de maíz crudo y cuajada, de contamales etc. Dichos viajeros además de llevarse su copiosa bolsa de pan, tambièn nos dejan la curiosa noticia de que a nuestro pan de chiquigüite, en Saltillo, Torreón o Fresnillo, se le conoce con sugestivos nombres tales como pan de mujer y muchos otros.

El origen exacto donde nace este pan, la desconoce Mauricio y sus familiares, sin embargo nosotros arriesgando equivocarnos, se lo atribuimos a los valerosos tlaxcaltecas, que un día vinieron a colonizar esta región. No solo por la aparente simplicidad de su proceso de elaboración, y las materias primas utilizadas en el mismo, sino tambièn por ser elemento coincidente con la cultura culinaria de otras poblaciones formadas por los mismos expedicionarios, en el norte de la republica mexicana.










NICOLAS ESCOBEDO ALVARADO






















Nicolás Escobedo Alvarado nació en el Barrio en Tapias de Santa María de los Ángeles, Jalisco, en el año de 1940. Sus padres fueron: José María Escobedo, de oficio herrero y Lorenza Alvarado, ama de casa. Nicolás estudio la primaria en su natal Santa María, y continúo su educación en la Escuela Secundaria Mixta por Cooperación, en el vecino municipio de Colotlán. Desde muy joven le nació la inquietud por la pintura, y apenas terminada la secundaria se desplazo a la ciudad de México, para realizar estudios de Arte.


El joven artista Santamaritense se formó bajo los estrictos canónes de la pintura de la Academia de San Carlos, que fue considerada en su tiempo como la mejor academia de pintura de Latinoamérica, de allí surgieron los pintores más reconocidos y representativos del arte de México: Diego Rivera, Mateo Saldaña, Rufino Tamayo, Rafael y Pedro Coronel, Gerardo Murillo, entre muchos otros.

En la obra de Nicolás Escobedo es fácil de advertir la gran calidad y profesionalismo de su trabajo, aún desde el mismo trazado del dibujo de sus obras. Su técnica preferida es la pintura al óleo, con un notable predominio de los matices verdes; la coloración de su obra evidencia la influencia de las escuelas renacentistas y mexicana posrevolucionaria. Los temas de su obra cubren una amplia gama que va desde los retratos personales hasta los grandes temas y héroes de la historia nacional, sin faltar deliciosos paisajes y extraordinarios bodegones. Una constante de su obra, es sin duda, la incomparable maestría de sus dibujos, que denotan el irreprochable oficio del artista.


Nicolás Escobedo logro importantes premios en la disciplina de pintura y fue profesor de este bello arte en diferentes instituciones educativas de los municipios de Colotlán, Santa María y Huejucar. Pese al enorme talento del que gozo este artista, situaciones de carácter personal, le impidieron consolidar una fructifera carrera y murio en el más triste anonimato. Actualmente, poco a poco renace, entre nosotros el respeto por el artista y su obra
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Gilberto Ríos Villa.


Artesano colotlense del piteado, de gran creatividad e inventiva quien recientemente incursiona en el oficio de escultor. De formación autodidacta y estilo netamente popular su obra refleja con energía la libido contenida del pueblo. Su gusto patente por las formas plenas y voluptuosas de la anatomía humana, se manifiestan en buen parte de su trabajo.

En Gilberto, el escultor, existe también una búsqueda interna por expresar los motivos milenarias que han despertado la inquietud y curiosidad de los hombres. Las serpientes y otros animales igual de enigmáticos son sujetos de recreación sistemática con sus afiladas herramientas, sobre la dureza del mezquite ( una de su maderas predilectas).

Gilberto es un artista intuitivo que consolida su capacidad creativa, y aún descubre con sorpresa, los resortes internos que le impelen a esculpir. Sin renunciar a su personal concepción del mundo, se lanza con arrojo a empresas complicadas, con la certeza de que su tenacidad lo sacara satisfactoriamente a flote.

Entre sus esculturas se destaca una figura femenina de tamaño natural esculpida en eucalipto, acorde con sus gustos estéticos de tributo al cuerpo humano.

En sus últimas obras es posible observar la madurez de un escultor, meticuloso en los detalles y composición estética de sus obras.

Sin duda alguna un escultor valiente, de gran determinación y destreza manual, al que se debe de aplaudir ese gran coraje por crear, por componer y alcanzar su propia satisfacción estética. Artista del que esperamos grandes éxitos.

Artistas


Ricardo Urista Alvarado

Ricardo Urista Alvarado es hoy por hoy el artista colotlense de mayor renombre y prestigio en nuestra comunidad, Ricardo es un artista cuya pintura forma el núcleo principal de su quehacer artístico, pero su creatividad no se constriñe a pintar sobre papel, lienzo, cuero, madera o muros. Su inquietud va más allá explorando con infatigable curiosidad y destreza otras disciplinas artísticas: la escultura en piedra, madera o metal no les son extrañas. Como tampoco lo es el diseño y creación de muebles rústicos en madera, de delicado gusto y funcionalidad. La música es otra de las grandes pasiones y debilidades de este humilde creador, quien deleita y se deleita asimismo interpretando a los clásicos y los profanos, con la alegre sonoridad de su guitarra.

Ricardo es un autor joven, de aspecto serio y trato formal; artista de grandes responsabilidades y aguda inteligencia, quien ha tomado con gran profesionalismo su misión artística. El entiende su trabajo como parte de las necesidades de expresión cultural de su comunidad. En su obra se advierte ese compromiso y entrega social, para con su pueblo y sus raíces.

Como artista es un individuo inquieto, que no pierde la capacidad de asombro en su mundo; que se asoma a su realidad con ojos curiosos, para captar esos pequeños detalles ocultos al común de los mortales, y que forman la esencia intrínseca de las cosas. Esa predilección por el detalle, es lo que le brinda a su obra una dimensión diferente, propia y natural.

Desde muy niño se vio atraído por el dibujo artístico, y en su juventud decidió que quería ser pintor, para ello se inicio en los talleres de pintura, en la Casa de la Cultura de la ciudad de Aguascalientes. Sitio donde aprendió los rudimentos básicos de este precioso arte, y a partir de allí se convirtió en un artista autodidacta que ha incursionado en diferentes técnicas, delineando su propio estilo.

En su obra existe una constante por trabajar los temas propios de la cultura mexicana y en especial aquellos de nuestra comunidad: arquitectura, pasado histórico, artesanías, costumbres e incluso nuestros tabúes, son singulares pretextos para su desbordante creatividad.

Entre su extensa obra podemos brevemente señalar las colecciones:

Icarus, o los sueños del hombre por alcanzar el cielo. Esta obra consta de una docena de pinturas de gran colorido y valor estético, en el que se plantea el gran deseo de los hombres de todas las épocas por lograr elevar el vuelo.

De caballos y otros medios de llegar más lejos. Colección mixta de pintura, escultura y pirograbado. En la que el motivo fundamental es el incondicional amigo y aliado del hombre, el caballo. Infatigable y leal amigo que le ha acompañado por miles de años, en las circunstancias más aciagas y felices. Este es un reconocimiento a su fidelidad y belleza.

México en el mapa. Colección de dibujos, de personajes mexicanos cada uno de ellos, incrustado en el mapa de México.

México en la raya. Colección de dibujo a una sola raya con la que busca alcanzar un récord Guinnes. En esta obra Ricardo consiguió captar los vibrantes motivos de nuestra comunidad y nuestra historia a través de una técnica original, dibujo a una sola línea, sin que jamas se cruce en punto alguno. Villa, Zapata, Hidalgo y Cuauhtémoc son algunos de nuestros héroes recreados en esta colección, así como temas como: “El molino”, “La plaza”, “El borracho”, “El carpintero”, “La mendiga”, “Autorretrato” y muchas otros obras hasta alcanzar el número de 50.

Victoriano Huerta. Pintura al óleo de Victoriano Huerta y algunos motivos de su tiempo.

Algunos de los murales pintados por el se encuentran en: la Preparatoria antigua, la Presidencia, en la casa particular del Sr. Adolfo Pinedo Martínez, en la“Gasolineria la Querencia.”, el restaurante del Hotel Hacienda de los Gálvez, donde recientemente pintó una estampida de caballos.


Ricardo Urista tiene en su haber un aproximado de 50 exposiciones en México y Estados Unidos, sitios en los que ha además ha dado clases y fue el ganador del Premio Jalisco en 1998 y obtuvo el primer lugar en el Festival Art en Oklahoma en el año de 2003.

Ha sido director de Casa de la Cultura del municipio de Colotlán y actualmente se desempeña como catedrático la Escuela Preparatoria Regional de Colotlán en donde apoya al desarrollo del arte y la cultura.